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jueves, 7 de abril de 2016

LOS LÓPEZ DE CÓRDOBA HINESTROSA EN CUÉLLAR (2ª PARTE)

En la primera parte nos referíamos al origen cordobés de la familia López de Córdoba Hinestrosa y a su establecimiento en Cuéllar en las primeras décadas del siglo XV. Leonor López de Córdoba, mujer singular, y Ruy Gutiérrez de Hinestrosa serían los ancestros andaluces del primer Hinestrosa en la Villa. Si bien no se podía asegurar, en base a la documentación que aporta Melchor Manuel de Rojas, que el primero en establecerse fuera Ruy González de Henestrosa o Ruy López de Henestrosa.
Hijo de Gabriel López de Henestrosa, descendiente de los anteriores, fue Martín López de Córdoba Hinestrosa, mejor documentado que sus antepasados y que es el protagonista de esta segunda parte.
Preocupado Rojas porque sus contemporáneos no le reprocharan que elogiaba a los que con él tuvieron parentesco, es muy conciso en los datos que señala sobre Martín López: fue Maestresala del rey Enrique IV y también Regidor de esta Villa de Cuéllar. Su familia es oriunda de Córdoba y desciende de los antiguos Señores de Vizcaya. Su casa está en San Pedro y afrenta con la de los Rojas.
Muy poco, pero podría haber escrito mucho más, habida cuenta de que sabemos que Rojas tuvo en su poder el testamento de Martín López que éste otorgó en el año 1523 ante un escribano cuellarano. Aprovechando este documento, que también obra en nuestras manos, trataremos de ir más allá, tal vez donde Melchor de Rojas habría llegado si además de lo dicho, la velocidad con qué escribió sus Apuntaciones, le hubiera dejado más tiempo.
Pero antes de abordar el desarrollo del testamento de Martín López, expondremos los datos biográficos aportados por otras fuentes e historiadores. Con ellos, sin que podamos precisar la fecha exacta de su nacimiento ni de su muerte, ya que cuando redacta su testamento todo indica que goza de perfecta salud, podemos establecer que vivió el último tercio del siglo XV y el primero del siglo XVI (circa 1465-1530). El análisis forense de su momia, hallada en su sepultura de San Esteban, establece que pertenece a un varón de entre 55 y 70 años.
En el año 1499, aparece Martín López como regidor en el Regimiento de la villa que va a encargar la redacción de las Ordenanzas de dicho año y que luego serán reformadas en el de 1546. En el año 1503 va a la guerra contra Francia acompañando al II Duque Francisco Fernández de la Cueva. Se trata de la Campaña de Salses, en el Rosellón, que se saldó con la retirada de las tropas francesas en cuanto apareció el grueso del ejército de D. Fernando. No era la primera vez que el Duque se movilizaba en servicio del Rey Católico y en defensa de los intereses de la corona de Aragón.
En 1506 sigue como regidor de la villa. Firma como testigo en la cesión de una casa y portal de la parroquia de San Miguel arrendada al Regimiento de la villa para su uso.(1)
En los años 1508-1509 encarga que se exculpan los sepulcros en piedra que habrán de recibir los cuerpos de él y de su mujer, Isabel de Zuazo.
Sin duda, las propias bulas adquiridas por Isabel de Zuazo aportan información sobre la cronología del matrimonio. La fecha de la más antigua (1484) no presupone que Isabel ya estuviera en Cuéllar casada con Martín López, la podía conservar, con otras, de su etapa de soltera y haberla traído a Cuéllar desde su Olmedo natal. Lo que se puede afirmar es que las décadas puramente fértiles del matrimonio fueron la última del siglo XV y la primera del XVI. Esto en base a las bulas tomadas en el año 1498 donde se citan las adquiridas para sus hijas Ana, María y Francisca, que serían niñas. Faltan Diego, Beltrán y Juana, que tal vez no habrían nacido. Cabe pensar que para el caso de los niños varones no había costumbre de adquirir bulas.
Bulas propiamente pedidas por Martín López son las de difuntos, tomadas también en dicho año de 1498, para sus cuatro abuelos y sus padres, todos perfectamente identificables. No así la que tomó para una tía, que por su testamento podríamos identificar con Leonor López de Córdoba, hermana de su padre Gabriel López, a tenor de lo que nos aporta dicho documento.
La preocupación por la salvación eterna de sus almas, además de las bulas que fueron adquiriendo a lo largo de sus vidas, llevó al matrimonio López de Córdoba-Zuazo a fundar dos aniversarios en la iglesia de San Esteban, año de 1522, un año antes de la redacción del testamento, en el que curiosamente no aparecen explícitas. Estos aniversarios suponían la aplicación de misas y responsos sobre las sepulturas de sus antepasados el día de Santa Catalina y el lunes después de la Santísima Trinidad.
Hasta aquí lo que nos aporta la documentación. Podemos conjeturar si no acompañaría al Duque también a la batalla de Villalar, en defensa del Emperador, en 1521. Él y alguno de sus hijos. Pero esto está por documentar; el contexto de las Guerras de las Comunidades sí que lo vivió desde su cargo de regidor por el estado de los caballeros en el Regimiento de Cuéllar. Que no sintiera la llamada de la conquista americana, como sus sobrinos los Rojas, sí que parece una realidad, y ni él ni sus hijos, Diego y Beltrán, constan en esa aventura. La posición social y económica, bien asentada en la villa, de la familia tal vez hiciera innecesario correr riesgos.

EL TESTAMENTO: IN DEI NÓMINE, AMÉN.
En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, tres personas y una esencia divina, Amén. El testamento de Martín López de Córdoba Hinestrosa comienza, como ya estaba establecido en la época, con un preámbulo religioso, lleno de formulismos y de alabanzas a la Virgen, así como las habituales consideraciones en torno a la angustia y asunción de la muerte como algo natural e inevitable.
En el caso de Martín López, no dice que esté enfermo en el momento de testar. Lo que indica, en contra de lo que es la norma, que fue un testamento hecho con tiempo, no veía peligro de muerte inminente en ese momento. Pretendía de esta manera dejar bien atado todo lo concerniente a sus mandas espirituales, pero, sobre todo, lo relativo al reparto de sus bienes entre sus herederos, incluida la fundación de un mayorazgo en la persona de su hijo mayor varón, Diego López.
Después del preámbulo religioso, y asumido el cuándo, continúa el testamento con la expresión de dónde y cómo quiere ser enterrado: que mi cuerpo sea sepultado con el hábito de San Francisco, que yo tengo por su carta que para ello me dio Fray Martín de Béjar, y que mi sepultura sea en la Iglesia del Glorioso Mártir San Esteban, en la capilla mayor de ella, en la sepultura delantera de las dos que yo hice hacer, que están fronteras a los arcos y bultos donde están sepultados mis terceros aguelos, Alonso García de León, contador que fue del rey don Enrique III, y Urraca García de Tapia, su muxer, y con ella Gabriel López de Córdoba y de Hinestrosa, mi señor padre y su biznieto de los dos.
Texto esclarecedor tanto para saber quiénes ocupaban las sepulturas del lado del evangelio de la iglesia de San Esteban, como para estar seguros de que la momia de su sepultura corresponde a Martín López, amortajado con el hábito franciscano de lana con su cordón. Este deseo de enterrarse con hábito de fraile, dominico o franciscano, estaba muy extendido ya desde el siglo XIV y se vería incentivado, en el caso de Cuéllar, con la presencia de una Orden como la franciscana, modelo de humildad y pobreza. Sin embargo, esta costumbre no fue solo una moda medieval y se perpetúa en el tiempo más allá de lo que cabría pensar. Son numerosos los testamentos de cuellaranos del siglo XVIII que siguen ordenando ser enterrados con el hábito de San Francisco, bien en San Esteban o en la parroquia que a cada uno le correspondía, incluido el propio Melchor Manuel de Rojas, en el año 1765.
Continúa el testamento de Martín López con las honras fúnebres del día de su entierro y siguientes, cuyo boato es proporcional a la categoría social del difunto. Por un lado, convoca a todos los clérigos del Cabildo cuellarano, que deben asistir con las respectivas cruces de sus parroquias. Este acompañamiento de las cruces parroquiales, que portaban los sacristanes, era habitual en los entierros de personas de categoría, los más ricos y los propios clérigos del Cabildo, que lo tenían recogido así en sus estatutos. Esta puesta en escena daba lugar a ceremonias solemnes y muy vistosas, que imitaban también en sus entierros los pudientes y los curas de las aldeas de la Tierra de Cuéllar que se agrupaban en cuatro cabildos eclesiásticos (Cuartos).
Por otro lado, convoca también a la comitiva de su entierro a las cofradías de las que él era cofrade, aunque no dice cuáles son. Con seguridad sería de la de la Cruz, cofradía por excelencia de la aristocracia villana. Y es posible que lo fuera de la de San Gregorio, en la iglesia de San Esteban, aunque él era, por proximidad de su casa, feligrés de la de San Pedro. Para la fábrica de dichas dos iglesias dejará doscientos maravedíes a cada una.
Expresa que su cuerpo sea sepultado con misa mayor y las honras correspondientes a la calidad de su persona, que se prolongarán durante tres días. En estos ceremoniales, manda se lleven como ofrenda ocho fanegas de trigo, diez cántaras de vino y cuatro carneros. Ordena encender seis hachas de velas, cuatro en el altar y dos en su sepultura, delante de la cruz.
Para los conventos de San Francisco y de Santa Clara de la villa manda sendos lotes de una fanega de pan cocido y dos cántaras de vino con un carnero.
Pensando en los pobres, ordena que se dé de comer a cuantos fueran a su casa el primer día, lo que hace pensar que el cuerpo era expuesto para su velatorio en el propio domicilio. Manda a sus testamentarios que den medio real a cuantos pobres vergonzantes hallaran en la villa y sus arrabales, con condición de que rogaran por su alma.
Las mandas piadosas por su alma se complementan con un treintanario en San Esteban y las misas de San Amador. Encomienda al monasterio de Santa María del Pino, en La Mata, del que era cabeza de su Patronato, otras tantas misas con limosna de mil maravedíes. Ordena un generoso añal (doce fanegas de trigo más el vino y cera) que se irá aportando los domingos en la misa según que en esta villa se hace.
Se concluye con el cabo de año en el que se vuelve a repetir el mismo protocolo y convocatoria de gentes (cabildo, cofrades, pobres, limosna a los conventos...) que el día de su entierro.
FUNDACIÓN DEL MAYORAZGO: DIEGO LÓPEZ.
Para mantener un nivel económico digno a lo largo del tiempo, la nobleza procuraba salvaguardar la integridad de su patrimonio mediante el establecimiento de mayorazgos. El mayorazgo constituye una forma de propiedad vinculada, legalmente inealineable, que debía de ser transmitida intacta a las sucesivas generaciones. Sin entrar aquí en los diferentes tipos de mayorazgos que había, se puede decir que el que fundó Martín López en su hijo mayor, Diego López, lo hizo sin agraviar en lo económico los derechos de su otro hijo, Beltrán López. La parte que heredará el menor es equivalente en su valor (300.000 maravedíes) a la del hermano mayor, pero en este caso sin estar sujeta a las normas de mayorazgo.
Además de los bienes que constituirán el mayorazgo es importante destacar cómo Martín López indica que le cede a su hijo Diego, como cabeza del mayorazgo, todo lo que yo he gastado en el estudio, lo que nos da cuenta de que éste tenía cierta formación, lo que no sabemos es de qué nivel.
Pasando al mayorazgo propiamente dicho, éste se fundará sobre la casona solariega de la familia, en la que vive Martín López, cuyos linderos quedan bien especificados: de la una parte la calle que sale de la de San Pedro y va a dar en la puerta de Carchena y de la otra la cerca de esta villa, delante de la Puerta de San Pedro, las cuales yo le mando con el dicho gasto de estudio... y que las dichas casas vengan en su hixo mayor varón desde ahora en adelante para siempre (...) con condición que no las pueda vender ni enajenar, ni parte de ellas...
La propiedad más importante sobre la que se fundamente el mayorazgo en lo económico parece ser el molino de Gómez Sancho, en el Cega, del que se habló en la primera parte y que fue adquirido por su padre Gabriel López. Se completa esta heredad con la correspondiente pesquera del molino y con tierras y un alamar entre el citado río y el Cerquilla. Una cláusula establece que mientras vivieran las hermanas de Diego López, María y Juana de Hinestrosa, que eran monjas de clausura en las clarisas de Rapariegos, se les había de pasar una pensión de cuatro ducados anuales a cada una.
Recibe Diego López, en mayorazgo, toda la hacienda que Martín López tenía en San Cristóbal y Vallelado, más la heredad de San Mayor y La Esa, con su palomar. Destaca el horno de hacer tejas que le deja en Lastras de Cuéllar.
Le manda también las tres partes de las casas que yo tengo en el lugar de Frumales, las cuales fueron de Gómez de Rojas y de la señora, mi hermana, María de Torres, su mujer, que hayan gloria, las cuales compré, según de que les cupieron por sus suertes a sus hijos Manuel de Rojas e Francisco de Rojas e Gabriel de Rojas, con todo lo que les pertenecía.
Termina lo que le corresponde al hijo mayor, por mayarazgo, con tres viñas que se hallan en el término de Óvilo y que se sitúan todas en su ladera.

PATRONATO DE ALONSO GARCÍA DE LEÓN.
Alonso García de León, llamado el de Cuéllar, fue persona muy vinculada a la villa, su regidor y procurador; Alcaide del alcázar de Segovia y Contador Mayor de Enrique III, que le cita en su testamento. Fundó el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia del Pino y una Capellanía perpetua en la Ermita de San Julián. Tatarabuelo de Martín López de Córdoba Hinestrosa, en éste había recaído el patronato de sus fundaciones por línea femenina de su abuela Urraca Alfonso de León.
Alonso García de León es el titular, junto con su esposa Urraca García de Tapia, del sepulcro del lado izquierdo de la iglesia de San Esteban. Ambos aparecen representados en esculturas de bulto redondo en dicha sepultura, en frente de la de Martín López y su mujer, Isabel Zuazo.
Alfonso García de León y su mujer, habían otorgado en 1403 un documento por el que donaban al Cabildo de Clérigos de Cuéllar una aceña y otros bienes en San Miguel del Arroyo. El Cabildo se comprometía a realizar una serie de misas por el remedio de sus almas y de los que tenían cargo. Esto constituía una Capellanía perpetua y los otorgantes de dicha Capellanía la establecen con el Cabildo porque consideran a esta institución más duradera en el tiempo que la propia familia, para garantizarse que se cumplirán sus mandados. Sin embargo, cien años después, Martín López tuvo que actuar al respecto porque el Cabildo no estaba cumpliendo con lo establecido. El pretexto era que la ermita de San Julián, lugar donde se oficiaban las misas, estaba ruinosa y no apta para el culto, el caso es que no estaba al corriente el legado de los fundadores. En el año 1505 Martín López firmó un concierto con el Cabildo para que siguiera cumpliendo íntegra la Capellanía perpetua. El concierto pasó ante el escribano Juan de Arce Lezcano y aprobado por el visitador del obispo Bernardino de Soto al año siguiente. Consiguió que el Cabildo diera cuenta cada año de las misas que se hubieran dejado de decir y reservarse el derecho de elegir qué clérigos habrían de decir los oficios. Todo está recogido al detalle en el testamento de Martín López y de ello se deduce el celo que tuvo en que se guardaran los aniversarios de sus antepasados, y no solo el de sus tatarabuelos.
Respecto a la ermita de San Julián, situada en la calle de su nombre en la colación de San Miguel, se deduce que no fue obra de nueva construcción de Alfonso García de León. Sino no se explica su estado de ruina en solo cien años. Él parece que solo mandó hacer una reforma, incluida la realización del altar mayor, dedicado a San Pedro, a pesar de ser San Julián la advocación de la Iglesia. Martín López de Córdoba, para poner remedio a esta situación de ruina y para que las memorias no perezcan mandó rehacer la ermita de cal y canto, por más perpetua, que se había caído, sin tener yo obligación para ello a la reparar. Para el futuro, cedió una pequeña renta a la parroquia de San Miguel para el mantenimiento de la ermita. De esta importante intervención de Martín López en San Julián debían de ser sus escudos heráldicos de los cinco leones en aspa que documentan algunos autores en dicha ermita.(3)
Similar celo encarga a sus sucesores se tenga con los aniversarios de su madre, Juana García de León. Era responsable de las misas de esta memoria la Cofradía de San Gregorio, en la iglesia de San Esteban, en la Virgen de Septiembre y el día de San Gregorio. El mismo Martín López había traspasado un censo de cincuenta maravedíes anuales, sobre una casa en la colación de San Esteban, a esta Cofradía para su mantenimiento.(4) Vuelve a referirse a su madre para indicarnos que había dejado ciento cincuenta maravedíes, renta anual del censo de una casa en la villa, para destinarlos a la cera que habría de arder en el altar mayor de la iglesia de San Esteban, por su ánima y de Gabriel López, mi señor padre, adonde junto a él en dicho altar yace sepultada. Interesante información para poder afirmar que Juana García pudo ocupar el hueco por debajo de Alfonso García de León en el sepulcro de éste, y por detrás de su marido Gabriel López, el cual sí ha aparecido en dicha sepultura.
Especial predilección o compromiso debía de tener Martín López con su tía Dña. Leonor López de Córdoba, hermana de su padre. Ya la hemos señalado como segura destinataria de esa bula sin nombre que adquirió para ella su sobrino Martín López de Córdoba en el año 1498. Encarga a los herederos de su mayorazgo que vigilen se cumplan las dos misas semanales que los clérigos de Santiuste, Tierra de Coca, deben decir por su alma junto a otras memorias de su testamento. Indica que su tía estaba enterrada en la iglesia de dicho lugar junto al altar mayor a la parte del evangelio. Para el cumplimiento de este legado había dejado una yugada de tierra en Ciruelos de Coca y otros bienes que debían revertir al Convento del Pino si dejaban de cumplir con su obligación los curas de Santiuste.(5)
Hasta aquí lo que le correspondía a Diego López como cabeza del Mayorazgo y patrón del Convento del Pino y Capellanía de San Julián. Omitimos algunas de las mandas recogidas en el testamento referidas a estas obras pías por no ser prolijos. Se sustentan en rentas de viñas, en el término del despoblado Óvilo, y de casas en Cuéllar.(6)


BELTRÁN LÓPEZ.
Sigue el testamento con lo que habrá de heredar su otro hijo varón, Beltrán López, a quien igualará, en el valor de su parte, con su hermano Diego. Así, le corresponderá toda la heredad que su padre tenía en los lugares e término de Chañe y la Fresneda, aldeas de esta Tierra, con las casas e corrales, cercas e trojes. También le corresponde a Beltrán un molino que en este caso está sobre el río Pirón, entre Samboal y Gómez Ovieco, hoy despoblado, con las tierras y prados, alamares de dicha aceña, que según se dice en el testamento Martín López les había comprado a las monjas del Convento de Santa Clara, en Rapariegos, donde profesaban sus hijas María y Juana.
Heredará Beltrán López otro horno de teja en La Lastra, hoy Lastras de Cuéllar, valorado en cien mil maravedíes. Debía de ser esta actividad muy rentable habida cuenta que ya no se permitía construir tejados pajizos en las aldeas y mucho menos en la villa, por el alto riesgo de incendio.
Se cita otra aceña o molino en el río Cerquilla, donde se juntaba con el Cega, sobre la cual le deja en herencia el censo que sobre ella tenía de cuarenta fanegas de trigo anuales, por un préstamo que había hecho a Velasco Bermúdez y Manuel de Rojas, cuñados y propietarios del molino.(7)
Más dieciséis fanegas de pan, diez de trigo y seis de centeno de un censo contraído por el concejo de Hontalbilla, por cincuenta mil maravedíes.
Heredará también su hijo Beltrán las casas en la Colación de San Pedro, junto a dicha iglesia, con lo que había junto a ellas que también le había comprado su padre a su tío Gómez de Rojas: linderos de la una parte las casas de Manuel de Rojas y de la otra casas de Sancho Sarabia. Se valora el inmueble en 48.000 maravedíes.
Como bienes rústicos le corresponden otras tres viñas en la ladera de Óvilo, que son la de San Boal, la Higuera y la Payernela. Su valor 40.000 maravedíes. Se completa con la mitad de una huerta y la mitad de un palomar.
Termina señalando respecto a lo de Beltrán López que le hace heredero de todas sus armas y aderezos, lo que nos da pistas sobre la formación eminentemente militar de su segundo hijo varón.

LA HERENCIA DE LAS HIJAS.
Ya hemos dicho como María y Juana de Hinestrosa, monjas clarisas en Rapariegos, habían sido despachadas en la herencia con la renta de cuatro ducados anuales, de por vida, sobre las rentas del molino de Gómez Sancho. Más lo que sus padres habían dado de dote para el ingreso en el convento. En todo caso dicha dote no fue tanta como la que tuvieron que pagar por el casamiento de su hermana: Francisca López de Córdoba. Martín López no le manda nada en su testamento porque especifica que para su casamiento con Carlos de Briginel, vecino de Medina de Rioseco, yo le mandé e di cierta cuantía de maravedíes para su dote de casamiento con lo qual que está llena su legítima e por eso no le mando otra cosa en este mi testamento. De hecho, Martín López tuvo que vender tres yugadas y media de tierra en términos de Alcazarén y Valviadero, (8) para ayuda a la dote de su hija Francisca que calcula en valor de 300.000 maravedíes. Estas tierras las tenía él de la dote de su mujer Isabel de Zuazo y estaban valoradas en 95.000 maravedíes.
Se deduce te todo esto que emparentar a una hija con un marido, del mismo estatus social, suponía un dispendio muy importante que dejaba tocada la economía familiar. Tal vez sea una de las razones para que las otras hermanas tuvieran que elegir la clausura en el Convento de Rapariegos.
A su mujer, Isabel de Zuazo y Cotes, la deja como usufructuaria de por vida de toda la hacienda, salvo de los molinos y de lo de Chañe y La Fresneda. También quiere que siga ocupando la casa familiar todos los días que viviere, aunque Diego López viva en ellas. Deja además a su mujer 150.000 maravedíes en dinero.
Termina el documento nombrando como testamentarios al reverendo Alonso López, vicario y cura de la iglesia de San Esteban, al Mayordomo Diego de Arenza y a su mujer Isabel de Zuazo. Concluye con la protocolaria datación y firmas del escribano, testigos y del interesado.(9) Es significativo el papel de Isabel de Zuazo que como mujer, si bien no puede firmar como testigo, sí es testamentaria de su marido, y éste hace constar en el testamento que su esposa estuvo presente durante su redacción y que era conocedora de su contenido.

EL CADÁVER 2 a: DOÑA ANA JARAMILLO.
Cuando falleció Martín López de Córdoba Hinestrosa, le sucedió su hijo mayor Diego López de Hinestrosa como cuarto señor de la casa y del Patronato. Casó en Íscar con Dña. Catalina de Quesada. Melchor Manuel de Rojas en sus Apuntaciones de la Villa de Cuéllar dice que este matrimonio no se enterró en San Esteban sino en el Monasterio del Pino, en su sacristía. Para ello se basa en la inscripción que él mismo leyó en dicho lugar:
Aquí está sepultado Diego López de Henestrosa y de Córdoba, 4º nieto por línea femenina del Sr. Alonso García de Cuéllar y León, Fundador y dotador de esta Santa Casa, Contador Mayor que fue del Rey D. Enrique III de gloriosa memoria y su Tesorero y Alcaide del alcázar de Segovia, el qual está sepultado en la Capilla mayor del Señor San Esteban en la Villa de Cuéllar; y el dicho Diego López de Henestrosa falleció en 24 días del mes de Enero, año 1565. Assí mismo está aquí sepultada la Sra. Dª Cathalina de Quesada, su mujer.
Por lo tanto queda descartado el enterramiento de este matrimonio en la iglesia de San Esteban, donde por otro lado las sepulturas más nobles ya estaban ocupadas.
Por la muerte de Diego López de Hinestrosa sin descendencia, recayó el mayorazgo de la familia en su hermano Beltrán López de Hinestrosa y Córdoba, quinto señor de la casa y Patronato. Beltrán casó en Sepúlveda con Dña. Ana Jaramillo y tuvieron una hija llamada Isabel López de Hinestrosa, rama femenina por la que continúa la línea del mayorazgo Hinestrosa.
La reciente intervención arqueológica en los sepulcros de la iglesia de San Esteban deja sin resolver la identificación del cadáver denominado 2 a, aparecido en el sepulcro de Urraca García de Tapia, cuyos restos se habrían pasado junto a su marido Alfonso García de León.
A la luz del testamento presentado en este artículo y de los datos que aporta Melchor Manuel de Rojas, es verosímil que dicho cadáver 2 a se corresponda con el cuerpo de la nuera de Martín López e Isabel de Zuazo: Ana Jaramillo.
Los estudios genéticos indican que se trata de una mujer y la relacionan como madre de los dos neonatos depositados encima del cuerpo de Martín López, en la tumba del que sería su abuelo. El perfil genético de la mujer 2 a no coincide con ninguno de los individuos adultos que trata la intervención arqueológica y forense. Esto quiere decir que estaríamos ante una hija política de Isabel de Zuazo y de Martín López. Como tenemos la certeza de que Catalina de Quesada, una de las dos nueras, fue enterrada en el Convento del Pino, en La Mata, y junto a su marido Diego López, todo nos lleva a atribuir la identificación pendiente a Ana Jaramillo, mujer de Beltrán López.
De Ana Jaramillo podemos decir que fue una mujer con carácter, ya que al quedar viuda se hará cargo de defender el Mayorazgo familiar, que había recaído en su hija Isabel de Hinestrosa y su marido Gregorio de Vellosillo. Dicho Mayorazgo quedó amenazado para hacer frente a las deudas dejadas por Beltrán López, que las contrajo con el Duque de Alburquerque siendo alcaide de su castillo de Cuéllar. La cantidad era importante, 300.000 maravedíes, justo el valor de cada una de las partes que Martín López había dejado en su herencia a cada uno de sus hijos varones. Los representantes del Duque iniciaron pleito contra los herederos de Beltrán López para recuperarlos. Pero este asunto va más allá de los objetivos que nos habíamos propuesto aquí.

J. Ramón Criado Miguel.
NOTAS:
1.- Por ir este documento a continuación de otro fechado en 1483 y relacionado con el mismo asunto (arrendamientos de espacios anejos a la iglesia de San Miguel), se ha considerado esta fecha como la del testimonio más antiguo para documentar a Martín López. Realmente aparece como testigo del que los transcriptores fechan en 1506 por el que el Regimiento arrienda ese espacio anejo a la iglesia de San Miguel. C.D.C. Nº 745.
2.- Hay fotografías antiguas de esta casona con los escudos heráldicos de los Henestrosa y los Zuazo a los lados del arco de medio punto de grandes dovelas. Esta casa perteneció pues a Martín López y a Isabel de Zuazo y no a al conquistador Diego Velázquez como en tiempos se afirmó. Estaba en el solar que luego ocupó el popular cine “La Muralla” en la calle de San Pedro. El error de esta equivocada identificación, con la ubicación de la casa solariega de los Henestrosa, lo adelantó Jorge Herrera Mesón en el nº 34 de la revista LA VILLA, de abril de 2008 en su artículo Los Rojas (II), remitiéndonos al interior de la Casa Joven para observar los dos escudos en su situación actual.
3.- Larios: Nobiliario de Segovia, Tomo V pp. 156. En la ermita de San Julián estaban los escudos de los Hinestrosa junto a los del fundador Alonso García de León. Citado por Marqués de la Floresta (1986).
4.- Sobre el posible establecimiento de la Cofradía de San Gregorio por parte del Arcediano Gómez González puede verse nuestro artículo Las misas de San Gregorio de la Iglesia de San Esteban. Revista LA VILLA. Nº 50. Agosto 2013.
5.- Se refiere a Santiuste de San Juan Bautista. Leonor López de Córdoba aparece en las genealogías casada con Francisco de Lubiarca, Alcaide de Roa. Acabarían estableciéndose en dicho pueblo.
6.- Es curioso cómo las viñas tienen cada una un nombre propio que la identifica dentro de los pagos: Doscientos maravedíes a la viña la Menija, que es al pavo de La Moña.
7.- Velasco Bermúdez y Manuel de Rojas son sobrinos de Martín López. Los dos están en la conquista americana y tal vez hayan necesitado el dinero prestado para su empresa. Sobre el primero, Melchor Manuel de Rojas nos dice que constaba de los papeles del archivo familiar que había pasado a la conquista con Gabriel Bermúdez, su padre, y nos informa de la relación de parentesco con Manuel de Rojas. La venta de otros bienes de los hermanos Rojas a su tío Martín López, puede estar relacionada con esta necesidad de dinero.
8.- Valviadero. Lugar, hoy despoblado, en el margen derecho del río Eresma entre los términos de Pedrajas de San Esteban y Alcazarén.
9.- E porque esto sea cierto e no venga en duda otorgué mi testamento ante Diego Zorrilla, escribano, al que rogué que lo escribiese e ficiese escribir e lo signare de su signo, e a los presentes que fueron testigos, e lo firmé de mi mano, que fue fecho y otorgado este testamento en la manera que dicha es en la villa de Cuéllar, miércoles a catorce días del mes de enero, dentro en las casas de mi morada del dicho Martín López de Ynestrosa, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e veinte y tres años.

BIBLIOGRAFÍA:
La iglesia de San Esteban de Cuéllar, Segovia. VV.AA. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León.
Colección Documental de Cuéllar (934-1492). B. Velasco, J. Montalvillo, M. Herrero, S. Pecharromán. Ayuntamiento de Cuéllar. 2010.
Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila. Marques de la Floresta. Los sepulcros gótico-mudéjares de San Esteban de Cuéllar. 1986.
Melchor Manuel de Rojas. Copia del Cartulario del Hospital de la Magdalena. Manuscrito. Cuéllar, 1763.

PIES DE FOTO:
1.- Casa solariega de los Hinestrosa, en la parte baja de la calle de San Pedro. Desaparecida.
(Ayto. Cuéllar. Turismo)

2.- Iglesia de San Esteban. Asignación propuesta para los enterramientos en el sepulcro del lado del evangelio: 1. Alonso García de León, junto a los restos de su mujer Urraca García de Tapia, (reducidos desde el sepulcro 2). 2. Dña. Ana Jaramillo, mujer de Beltrán López. 3. Juana García de León. 4. Gabriel López de Hinestrosa. (3 y 4 padres de Martín López de Córdoba Hinestrosa).

3.- Escudo de Martín López de Córdoba Hinestrosa. Procede de su casa de la calle de San Pedro.

miércoles, 6 de abril de 2016

DESPOBLADOS EN LA COMARCA DE EL CARRACILLO: PELEGUGOS.


El paisaje, entendido como la percepción visual que podemos tener de un espacio vivido, conforma el documento más extenso, y el más accesible a la vez, de cuantos nos hayan podido legar nuestros antepasados porque, en esa interacción con el medio, el hombre ha sentido la necesidad de nombrar cada espacio, por muy pequeño que este fuera, para describirlo y diferenciarlo de otros en los que desarrolla su existencia. Es por esto que la toponimia constituye un nexo de unión directo con ese legado que nos han transmitido quienes se encontraban totalmente alejados del poder, de la riqueza y de la escritura, porque el paisaje es el resultado del esfuerzo secular de los más humildes.(1)

 

Tradicionalmente la ubicación del despoblado de Pelegudos, cuya existencia se ha relacionado siempre con el lugar de Campo de Cuéllar, se ha situado en torno a la Ermita de San Mamés, 1200 m al E/NE de dicho pueblo, en el cruce de caminos de Pelegudos con la Acequia de la Cañada. Esta tradición popular de Campo se apoya en la aparición de restos arqueológicos en los alrededores de dicha ermita. Así lo recoge el gran medievalista Gonzalo Martínez Díez en su libro Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana, obra en la que da dicha localización.

Sin embargo, nuevos documentos avalan una nueva ubicación para el solar de Pelegudos, además de informarnos de hasta cuándo perduró dicho núcleo poblado. Ambas cuestiones son las que pretendo responder en este trabajo, si bien tengo claro que, pasada la influencia y credibilidad de este artículo, para la conciencia y memoria popular, Pelegudos seguirá estando donde siempre se ha creído que estaba.

 


 
EL APEO COMO FUENTE PARA LA HISTORIA.

El apeo como tipo documental se consolida durante el siglo XV y supone la solicitud a la autoridad competente (duque, alcalde mayor, abad, etc) para realizar el deslinde, a la que sigue la orden para que este se lleve a cabo, después los pregones anunciando la intención de delimitar los términos, la toma de juramento a los apeadores, el amojonamiento o deslinde propiamente dicho y, por último, el traslado del apeo que hace el notario. Nos interesa la figura del apeador que suele ser una persona que se maneja en el cálculo de superficies y sobre todo que es conocedor del terreno y de los linderos donde se realiza el apeo. Suele haber dos en cada aldea y una vez citados para el deslinde se les advierte que serán sancionados con una multa si no se presentan a la convocatoria, si bien cobrarán un salario por su tarea.

Los documentos que nos responden a las cuestiones que nos ocupan constituyen un apeo y están recogidos en el libro Colección Documental de Cuéllar (934-1492), documentos números 616, 619 y 621:

Nº 616: El Bachiller Diego de Alba, alcalde mayor de Cuéllar, a petición de los clérigos  del Cabildo de la Villa, manda a Juan Garrido, Domingo Pérez de Sanchonuño, a Juan Muñoz y a Juan de Benito Fernández, vecinos de Arroyo, que apeen la heredad de dichos clérigos en los términos y labranzas de Pelegudos, El Campo y Arroyo, aldeas de Cuéllar. (8 de noviembre de 1465)

Nº 619: El escribano Juan Martínez toma juramento a los apeadores del documento anterior. (10 de enero de 1466)

Nº 621: Testimonio del apeamiento hecho por los apeadores y de la interposición de decreto y autoridad judicial que el alcalde puso al mismo (13 de enero de 1466). Este documento es el más interesante porque permite situar con seguridad la localización del despoblado de Pelegudos en torno a la laguna de este nombre, como confirma la toponimia que aporta el apeo.

Cronológicamente, hay un documento anterior en la misma Colección Documental (Nº 434) que nos pone sobre la pista de una localización distinta para Pelegudos. Se trata del apeo de las tierras del Convento de Santa Clara de Cuéllar en término del Campo, que al referirse a un lindero que coincide con el Camino de Pelegudos lo cita como “el camino por do vienen a misa”, expresado así por los apeadores que son de Campo, o carrera que va “facia la iglesia”, en el apeo de una tierra al lado del Arroyo Ternillo realizado en el año 1466. (2) Esto parece indicar que Pelegudos, al menos antes de su desaparición, no contaba con un edificio religioso ni pila bautismal en la aldea, que sería anejo de Campo y que se dirigían a oír misa a San Mamés o San Urbán, que también se le conoce con este nombre a la ermita, en cuyas inmediaciones confluye el camino, que en Campo llaman de Pelegudos, con el que va a Sanchonuño, cruzando en este recorrido el Ternillo. Siguiendo dicho camino, que sigue una dirección aproximada N/NE, dos eran los lugares con más probabilidades para situar el solar antiguo del despoblado y asociados al agua: bien en torno al Arroyo Ternillo, o bien en las inmediaciones de la laguna que aún hoy se llama de Pelegudos, en término de Sanchonuño, a la raya con Arroyo y pegada al Camino que viene de Cuéllar a Chatún (Carrachatún).

El Apeo de las heredades del Cabildo cuellarano en términos y labranzas de Pelagudos, Campo y Arroyo, realizado en enero de 1466, además de su pervivencia en esa fecha, viene a apoyar la segunda localización como la más segura y en ello ayuda mucho la toponimia menor comparando los términos que aparecen en el apeo con los que aún perduran, que son la mayoría. Son apeadores, como se ha dicho, vecinos de aldeas próximas (Sanchonuño y Arroyo) conocedores de las parcelas y sus linderos.

Destaca por su extensión entre las parcelas apeadas, una de 20 obradas donde nombran los Caces de Pelagudos, que tenía por límites la Carrera Vieja, la carrera de Valladolid (Carravalladolid) y tierras particulares de los herederos de  Gómez García y de Domingo Pérez. Hay pegadas a este pago otras dos tierras en el apeo por lo que cabe pensar que es en los Caces donde se concentra la labranza de Pelegudos. Se apean  dos tierras al arroyo Ternillo, que caerían en la vela de Campo, y las tierras que se citan en Santa María de Avienza en el término de Arroyo. Se cita el Cabze Grande, o Caz Grande, llamado todavía así por los vecinos de Arroyo, y Caz del Venado por los de Sanchonuño, importante referencia para saber a qué términos y lugares se refiere el apeo.

Son determinantes para la ubicación del despoblado las referencias a tres solares, diferenciados con este término de las tierras propiamente dichas, además de hablar de casas, que se describen dentro de lo que sería el casco o solar de la aldea: “tras las casas de Domingo Ferrández el Ombrado e de Domingo Munoz el Maroto, un solar, que afrenta en la laguna de la dicha aldea, que ay media obrada”, y que linda con otros solares que fueron de esos dos vecinos citados. Esto confirma la situación de Pelegudos junto a la laguna que hoy se sigue llamando así. Se cita a continuación y próxima una corraliza que linda con posesión de Juan Ferrández de Arqueros, solares de Domingo el Ombrado y con la carrera que va al Arroyo. Por último, aparecen los solares de Doña Sancha, en los que se apea una tierra de tres obradas con linderos en las carreras o caminos del Arroyo y de Chatún. 

En el cuadro Nº 1 presentamos un resumen de los topónimos de este apeo, su relación con el nombre actual, si se ha conservado, y las referencias para su localización.



 

 CONCLUSIONES.

El apeo de Pelegudos (1466), amén de la rica información toponímica que aporta, nos confirma su existencia hasta el último tercio del siglo XV y la localización de la aldea en torno a la laguna de su nombre y no en la ermita de San Mamés de Campo de Cuéllar. Si bien, los habitantes de este despoblado recorrían los 2500 metros que les separaban de dicha ermita, entonces iglesia, de la que queda su ábside en cuyos aledaños se enterrarían, por el camino que ellos llamaban Carraigleja, para ir a misa porque no había en la aldea templo ni pila. Que este camino era nombrado por los de Campo como Camino de Pelegudos y que hoy en día se puede recorrer, porque se libró de la concentración parcelaria, y sobre el terreno y sobre el plano, se ve claramente que lleva la dirección de la laguna de Pelegudos.

El apeo determina también una larga lista nominal de veinticinco personas entre apeadores, propietarios, vecinos, etc, que por cuestión de espacio no podemos analizar aquí. En el año del apeo, Pelegudos está herido de muerte, solo cita a tres vecinos vivos como residentes en la aldea que acabarán desplazándose a los pueblos cercanos (Campo, Arroyo, Sanchonuño).

Contestadas las cuestiones que nos planteábamos en el título de este artículo, otras preguntas quedan sin responder sobre Pelegudos y tal vez requieran un estudio más profundo. Me refiero sobre todo al “desde cuándo” existió dicha población. ¿Fue una aldea de repoblación de vida no muy prolongada? ¿Se trata de un núcleo de población de tradición visigoda, como otros atestiguados en la comarca, que pervive incluso después de la invasión musulmana? Las fuentes arqueológicas no ayudan al respecto ya que en el presunto solar aquí propuesto para Pelegudos nada queda. Sus restos útiles serían reaprovechados por las localidades próximas, por no hablar de su arquitectura efímera de adobe y madera, con casas con toda probabilidad todavía de tejados pajizos, que se documentan en algunas viviendas de pueblos de la comarca (Gomezserracín) iniciado incluso el siglo XVI. Sólo el nombre de la aldea, Pelegudos, donde se quiere ver una raíz goda, o el topónimo que aparece en el apeo de este estudio (Los Febillares/Los Hebillares) que haría referencia a un cementerio de esa época, son las bases para sostener una larga existencia de Pelegudos anterior al siglo VIII.

 Pero que no aparezca en la relación de pueblos de la diócesis de Segovia que realizó el Obispado en el año 1247 no es razón suficiente para afirmar que Pelegudos desapareció antes de esta fecha, porque si no se cita a Pelegudos es porque, como queda patente, no tenía ni iglesia ni pila bautismal. En este sentido, el binomio Campo/Pelegudos tendría una equivalencia con el de Pinarejos/Tirados: dos núcleos de población distintos, pero una sola iglesia y una sola pila para bautizar. Y en el caso de Pinarejos y Tirados además un solo Concejo, bien organizado y avenido, para administrar los recursos comunales en beneficio de toda la colectividad, para compensar la baja rentabilidad de sus tierras de cultivo, pero esa es ya otra historia. Un caso similar sería el dúo de aldeas San Martín/Muñoadrián, pero aquí ya nos encontramos con dos núcleos poblados con sus respectivas iglesias y pilas bautismales.

Quiero terminar haciendo una referencia al contexto histórico en el que se realizó el apeo de las tierras de Pelegudos pertenecientes al Cabildo Eclesiástico de Cuéllar. Ese contexto no es otro que el que refleja la serie de televisión Isabel, aunque en ella no se recoge ni de lejos la vida del súbdito de a pie. Dos años antes de la fecha del apeo, en 1464, D. Beltrán de la Cueva ha recibido el señorío de Cuéllar de manos de Enrique IV en compensación por el Maestrazgo y los servicios prestados a este rey. Este traspaso de Cuéllar y su Tierra de la jurisdicción real a la señorial provocó el levantamiento en armas de la nobleza cuellarana, con los Velázquez a la cabeza, y a la postre supuso el abandono de la villa de gran parte de esa nobleza de para trasladarse a otros lugares de realengo. D. Beltrán necesita a gente de su confianza venida de fuera para el gobierno de Cuéllar. Es ahí donde aparece el Licenciado Diego de Alba, judío converso y alcalde mayor citado en el apeo, pero ésta también es otra historia.

 

J. Ramón Criado Miguel

Licenciado en Historia.

 

NOTAS

1.-Emilio Olmos Herguedas. Agua, paisaje y ecohistoria. La comarca de Cuéllar a partir del siglo XIII. Universidad de Valladolid. 2011. Libro muy recomendable para todo que tiene que ver con la comarca.

2.-Apeo de las heredades de las Monjas de Santa Clara en Campo de Cuéllar. Colección documental de Cuéllar. Documento 434. Fecha: 18 de marzo de 1441.

Fotos del autor: Estado actual de la Laguna de Pelegudos. Ermita de San Mamés, Campo de Cuéllar.  (Marzo de 2013)

 


 

 

Cuadro Nº 1: Topónimos del apeo de Pelegudos (1466).

Topónimo 1466
Actual
Localización/Referencias
Cabzes de Pelegudos
s/l
Entre el camino de Valladolid y Carravieja.
Carrera Vieja
Carravieja
Continuación de Carravieja hacia el Oeste?
Carrera de Valladolid
Carravalladolid
Camino que va desde Sanchonuño a Valladolid.
Vina Tapiada
La Tapiada (CE)
Citada en CE en tierras sitas por La Coronilla.
Viñas de Abaxo
s/l
Posible pago con viñas al Oeste de la aldea.
El Travadal
s/l
Pega con Carravalladolid. Tierra del Cº  Carracillo.
Pozo de Pelgudos
s/l
En las eras de la aldea de Pelegudos.
Fuente de Pelgudos
s/l
Carrera de Chatún que va a la Villa. Caz Grande.
Carrera de Chatún a Villa.
Carrachatún
Topónimo conservado en la zona de la Coronilla.
Cabze Grande
Caz Grande (Arroyo)
 Caz del Venado en el término de Sanchonuño.
Bodón de la Parra
s/l
Afrenta con el Caz Grande.
Fondón de Arqueros
Arqueros**
Hacia Arqueros, al N, afrenta con Carravalladolid.
Laguna de Arqueros
Arqueros
La Lagunilla por abajo (S), Carravalladolid.
Las Naharras
s/l
Linda con un cornigal de tierra del Cº Carracillo.
Ternillo
Arroyo del Ternillo
 Junto al Ternillo y el Camino hacia la Iglesia.
La Correruela (caz)
s/l
Por encima de la Fuente de Pelgudos, Caz Grande
Los Febillares
s/l
Tierra para trigo y centeno.
Olmo de Aviença
Avienza (Arroyo)
Cementerio (de Avienza?), Cº del Carracillo.
Carrera a iglesia/Carrigleja
Carrileja
Camino de Pelegudos a San Mamés.

*s/l: Sin localizar. Cº del Carracillo: Cabildo del Carracillo, institución religiosa medieval que agrupa a los curas del Cuarto del Carracillo. CE: Catastro del Marqués de la Ensenada. ** Arqueros: Posible despoblado de otra aldea medieval.

 

 

lunes, 4 de abril de 2016

VIAJEROS A INDIAS EN EL SIGLO XVIII




FERNANDO DE NAVAS ARRANZ   


  Archivo General de Indias,CONTRATACION,5505,N.1,R.51


Este documento se refiere a Fernando de Navas Arranz, clérigo de la Tierra de Cuéllar a quien se le asigna una prebenda (racionero) en la Iglesia catedral de Valladolid de Michoacán, en Nueva España (México).


Certifico yo D. Fernando de Navas Arranz, Prebendado electo (por merced de su Majestad, que Dios guarde) de la Sta. Iglesia Catedral de Valladolid en la Provincia de Michoacán, en el Reino de la Nueva España, cura rector que he sido de las parroquiales del Sr. San Juan Bautista, de el lugar de Las Fuentes, y después de la de Santa Mª de la Cuesta, de la Villa de Cuéllar, en el Obispado de Segovia. Juro que hallándome como cura en Las Fuentes, fui al lugar de San Cristóbal, anejo de la de Vallelado, a bautizar a Fernando Fraile, mi sobrino carnal, hijo legítimo de Pedro Fraile y de Valentina de Navas, mi hermana, hijos que somos los dos de D. Alonso de Navas, ya difunto y de Doña Rosa Arranz, vecinos que fueron de la Villa de Cuéllar, cristianos viejos y limpios de toda raza. Con licencia del párroco, D. Lorenzo Gómez, el diez de agosto de mil setecientos cincuenta, poniéndole por nombre Fernando.

Siendo este mismo muchacho el que llevo en mi compañía con ánimo de destinarle a la aplicación de nuestros Sagrados Dogmas.

Cádiz, 20 de octubre de mil setecientos sesenta y un años.     Fernando de Navas


Catedral de Valladolid (México) según una litografía de principios del siglo XIX.

JUAN VELÁZQUEZ DE TORRES

Juan Velázquez de Torres falleció en la ciudad de Los Reyes (Perú), año de 1602. Natural de Cogeces de Íscar (Valladolid). Hijo de Andrés de Nicolás y de María Santos.
No estuvo casado y sin herederos ordenó que con el remanente de lo que sobre de su testamento se mandara comprar bienes en su pueblo natal (viñas y tierras de pan llevar). Y con lo que rentaran los dichos pesos se fundara una Capellanía en Cogeces de Íscar para que dijeran por su alma perpetuamente misas hasta donde alcanzaran. Se nombraría capellán de dicha capellanía al pariente suyo más cercano. 

jueves, 31 de marzo de 2016

LOS PINTORES MALDONADO EN CUÉLLAR: LOS ORÍGENES.


En la segunda mitad del siglo XVI funcionó en Cuéllar un núcleo de artistas pertenecientes a la que los historiadores del arte denominan escuela cuellarana. A ella perteneció el escultor Pedro de Bolduque, que proveniente de Medina de Rioseco trajo el nuevo estilo en el retablo y talla de madera, cuyas obras en muchos casos fueron complementadas por las pinturas de la familia Maldonado, que además colaboraban con él en la policromía de sus retablos y esculturas.


De este grupo formaron parte los hermanos Juan y Julián Maldonado que, procedentes de tierras de La Moraña abulense, se asentaron en la villa hacia el año 1545 y realizaron diferentes obras, principalmente retablos, para satisfacer la demanda comarcal en un siglo significado por una clara bonanza demográfica y económica. La saga familiar de los Maldonado se cierra con Gabriel de Cárdenas Maldonado que falleció a principios del siglo XVII. En Cuéllar  y su Tierra se han conservado varias obras de estos pintores, pero otras tantas fueron retiradas o vendidas al irrumpir con fuerza el barroco, sobre todo durante el siglo XVIII, en otro momento de apogeo artístico en la comarca. Insuficientes, sin embargo, para haber despertado un mayor interés por esta familia que desplegó una intensa actividad artística y una preocupación y progreso en su formación de acuerdo al avance de los gustos estéticos. (1)

Dibujo de Julián Maldonado para el retablo de la Virgen del Rosario de Frades (despoblado en la colación de Samboal).
Las noticias sobre estos dos artistas han ido apareciendo gracias a la labor del profesor Fernando Collar de Cáceres, que llevó a cabo una amplia labor de archivo y de campo publicando el trabajo que los Maldonado habían realizado en el antiguo obispado de Segovia. (2) Los había denominado provisionalmente como Maestro de 1566 y Maestro del retablo de San Pedro hasta que los documentó como tales Juan y Julián Maldonado, establecidos como vecinos de la villa al menos, según él, desde mediados de los años sesenta del siglo XVI. Ambos vivían en 1575, año en el que se terminó el retablo de la iglesia de San Pedro de Cuéllar. No le consta a este autor que los hermanos Maldonado colaboraran entre ellos en ningún momento, salvo en los trabajos realizados para el recibimiento de Isabel de Valois en Valladolid, que dejaron sin terminar.
Las noticias de Juan, autor de los desaparecidos retablos mayores de Gomezserracín y Pesquera (despoblado cerca de Chañe) se pierden en 1579. Julián cuenta en su haber con los también desaparecidos retablos de San Cristóbal de Bahabón, Frades y Caños (despoblados estos dos últimos también en la Tierra de Cuéllar) y comenzó varias pinturas en Fuentepelayo, acabadas por su hijo, Gabriel de Cárdenas Maldonado, quien siguió al frente del taller en 1587.


La oracion en el Huerto. Julián Maldonado? 1575. Convento de la Concepción. Cuéllar. Procede de la parroquia de San Pedro.


Los especialistas en Historia del Arte encuadran el estilo de los hermanos Maldonado dentro del manierismo más clásico, pues su pintura recuerda mucho a la forma de trabajar de Alonso Berruguete en Valladolid. Sus figuras estilizadas en los personajes, con un movimiento forzado que contribuye a la dramatización de los pasajes representados en sus cuadros. Collar de Cáceres señala la querencia, al menos en Julián, hacia la ambientación nocturna y extravagantes licencias espaciales que fuera de todo criterio estilístico, dejan ver una absoluta impericia en lo que toca a la perspectiva. Tal vez este insuficiente dominio de la perspectiva en sus obras, común a los dos hermanos, sea el talón de Aquiles  de estos pintores y la causa de su abandono de las obras que les encargaron en Valladolid para el recibimiento de la mujer de Felipe II.


Se inspiran para sus composiciones en varios artistas cuya obra se difundía a través del grabado y la estampa (Rafael, Miguel Ángel, los Bassano…), principalmente los grabados de Durero. Solventan de esta manera la falta de creatividad y originalidad dentro de la elaboración temática que la crítica les ha señalado. (3)


ARQUITECTURA EFÍMERA: LA PUERTA DEL CAMPO.


A Julián y Juan Maldonado se los ha documentado participando como pintores en la realización de la arquitectura efímera que se prepara en Valladolid en el año 1565 para recibir a la reina, Isabel de Valois, en dicha ciudad. Trabajaron en la obra del Arco:


Juan de la Moneda… paguéis a Julián Maldonado e Juan Maldonado, vecinos de Cuéllar, diez ducados en cuenta de los maravedís que an de aver de lo que an de hazer para el arco de la Puerta del Campo. 20 Marzo 1565. Conozco yo Julián Maldonado y Juan Maldonado que recebimos del Sr. Juan de la Moneda diez ducados … para en quenta de la parte que tenemos que pintar en lo del arco de la puerta del Campo.  Juan Maldonado – Julián Maldonado.


La arquitectura efímera estaba constituida por obras decorativas y de carácter circunstancial como todas las que se ejecutan para festejos populares. Hay constancia de las figuras y cuadros que debían ser representados a cada lado del Arco del Campo en una paleta de colores que pasaba por el blanco y negro, dorado y bronce. Se le comunicó a Juan de Juni y a Palencia, pintores, si  querían bajar a menos de los 160 ducados, pero reusaron la oferta diciendo que no podían porque ellos tenían otras cosas en que entender. Si bien parece que Juni dirigió la construcción del arco como maestro de obra, estuvieron a su cargo las obras de arquitectura y escultura, no habiendo aceptado la parte correspondiente a pintura. (4)


Hacia el mismo tiempo, parece que el Ayuntamiento de Valladolid ajustaba con los pintores de Cuéllar, Juan y Julián Maldonado, otras obras parciales en los corredores o galerías que estaban a los lados del arco, (tasada en 15.000 maravedís) cuyo trabajo traspasaron luego a Benito Rubiate, (Benedetto Rabuyate, Florencia 1527, Valladolid, 1592) de lo cual dan razón algunos testimonios:


… porque ellos eran forasteros e tenían necesidad de ir a sus casas, se concertaron con Benedito Rabuyate de hacerlo en sus nombres…


Arquitectura efímera: dibujo de la Puerta del Campo de Valladolid para cuya decoración pictórica fueron contratados los hermanos Maldonado. 1565. (Archivos Españoles)
Detrás de esta renuncia de los Maldonado parece que hay también un descontento con el trabajo que realizan los pintores de Cuéllar. Los regidores vallisoletanos responsables de las pinturas encargan a Rubiate que incrementase las figuras de los Maldonado en media vara: que ansí se hubo de hacer todo de nuevo. Sin duda, la decoración de estas estructuras efímeras suponía el control de cierta técnica pictórica para conseguir una realidad alternativa, virtual, a través de la ilusión y la ficción. Se recurría al escorzo y a la perspectiva ilusionista para conseguir engañar los sentidos del espectador que se subvertían a este engaño o artificio.


Un testigo, criado de Rubiate, manifiesta en el pleito que “los Maldonado no sabían hacer la pintura como lo abían de hacer (y) lo traspasaron al dicho Benedito Rubiate…”


La noticia está extraída del pleito que los pintores participantes en la decoración del arco sostuvieron contra el concejo de Valladolid para que les pagara el exceso de trabajo realizado en dicho arco, en el que habían sido alcanzados en dinero. Una de las razones aludidas es, como se ve, la espantada que hicieron los pintores de Cuéllar desbordados por la obra a realizar. 



EL PLEITO DE HIDALGUÍA DE JUAN MALDONADO.

En el pleito por su hidalguía que inició el pintor Juan Maldonado en el año 1547 contra el Regimiento de Cuéllar subyace un conflicto de carácter social. Los caballeros hijosdalgo de la villa constituían un grupo cerrado y organizado que velaba por la defensa de sus intereses. Organizados mediante la Casa de los Linajes defendían sus privilegios que pasaban por el control y monopolio de  los resortes del poder político y económico de los bienes comunales de Villa y Tierra.

Para fundamentar su preeminencia recurrían a argumentar que sus derechos se basaban en privilegios otorgados por los reyes desde tiempo inmemorial. Tenían un protocolo para acceder a los cargos de gobierno: el hijodalgo se inscribía con catorce años en uno de los ocho linajes de la villa y cuando uno de los cargos que le correspondía a ese linaje (regidor, escribano..)  quedaba vacante, se tiraba de lista de los inscritos en ese linaje para dilucidar a quién le correspondía el cargo. No faltarían, a pesar de todo, discrepancias y pleitos.

Sin embargo, más complicado lo tenía un hidalgo que estableciera su vecindad en Cuéllar, caso del pintor Juan Maldonado, pues los de Cuéllar le atribuían ser un hidalgo por el cuerno. (5)  De entrada, por no haber nacido en la villa, no estaba registrado en el libro de los linajes. Por sistema, el Regimiento ponía en cuarentena y dudaba de la hidalguía de los recién avecindados que se tenían que preocupar de demostrarla. Para eso estaba la sala de hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid.  Puesta en duda la hidalguía de Juan Maldonado, será a ese organismo al que recurrirá para demostrar que es hidalgo, tal vez no tanto porque aspire a ocupar cargos de gobierno sino porque le habían inscrito en el padrón de los pecheros y por tanto con obligación de pagar impuestos. (6)

En 1547, sin duda después de algún tiempo como vecino en Cuéllar, inicia su pleito en Valladolid para conseguir su propósito. Reclutará testigos en los dos pueblos en que los puede hallarlos a su favor: Horcajo de las Torres, provincia de Ávila, y en Paradinas de San Juan, Salamanca. El primero lugar, el segundo villa. Distintas provincias pero localidades casi limítrofes y con mucha relación entre ellas, en lo que fue frontera entre los reinos de León y Castilla.

Portada de la ejecutoria de hidalguía, en pergamino con orla y escudo heráldico, de Juan Maldonado, pintor, vecino de Cuéllar. 1555. (Archivos Españoles)
Las raíces de los Maldonado parecen estar en la localidad salmantina de Paradinas de San Juan. Los testigos de esta villa dieron cuenta en el pleito de que tanto el bisabuelo de Juan Maldonado, Rodrigo Maldonado, como su abuelo, Rodrigo de Cárdenas, habían sido tenidos por hijosdalgo en Paradinas. Habiendo sido ambos alcaldes por este estamento, el abuelo en tiempos del comendador Juan de Villaseca, de la Orden de San Juan, a la que pertenecía la villa, por los años de 1490. Un testigo de Horcajo sitúa a Rodrigo de Cárdenas, casado en segundas nupcias, establecido un tiempo en el lugar de Grajos (hoy San Juan de Olmos), tierra de Ávila, donde se habría dedicado a la compra venta de madera. Informan también de que el padre, Juan Maldonado el Viejo, había salido de Paradinas mozo para aprender el oficio de pintor (aunque no dicen dónde, si en Valladolid o en Ávila, con más probabilidad en la primera). Con este dato, sería el padre de Juan y Julián Maldonado el primer pintor de la saga familiar.

Los testigos de Horcajo de las Torres dan fe de que Juan Maldonado el Viejo, de regreso de su aprendizaje, se había establecido, tal vez primero por trabajo y después por su matrimonio con Catalina Gutiérrez en dicho lugar y no en Paradinas. Ambos eran los padres de Juan y Julián Maldonado, entre otros. Juan Maldonado el Mozo nació en Horcajo de las Torres hacia el año 1515, siendo el mayor de los varones, como testifican los testigos de este lugar: había nacido en el dicho lugar de Horcajo, el cual vivía al presente en la villa de Cuéllar y tenía ansímismo oficio de pintor como lo tuvo Juan Maldonado, su padre. (7)

Vivió Juan Maldonado en Horcajo de las Torres donde aprendería el oficio de pintor, al menos en el taller paterno. Casó en Santa María de Nieva, según los testigos, hacia 1540. Trajo a su mujer a su pueblo abulense y al cabo de dos o tres años se fueron a vivir a la villa de Cuéllar porque tomó allí ciertas obras de retablos porque era pintor. De esta manera queda datada la llegada de los Maldonado, al menos de Juan, a la villa de Cuéllar a mediados de los años cuarenta del siglo XVI. El encargo de obras posteriores, por la demanda que había en la comarca, determinó que se avecindaran los Maldonado en la villa segoviana.

Juan Maldonado probó bien y cumplidamente su petición y demanda de hidalguía ante el organismo competente, en rebeldía del Concejo, alcalde y regidores de Cuéllar, que no se presentaron en este pleito. Solo se le opuso el fiscal, motivo por el que el pleito se prolongó desde 1547 hasta la sentencia definitiva de 1555. En este último año se le comunica al Regimiento cuellarano que guardaran a Juan Maldonado todas las honras y franquezas e libertades e exenciones que a los otros hombres hijosdalgo se les guardan y que devuelvan todas las prendas que le hubieran tomado.

Del proceso del pleito, podemos deducir que Juan Maldonado no escatimó esfuerzos ni medios económicos para probar su hidalguía. La pasividad del Regimiento cuellarano en el caso puede explicarse porque tenía otros frentes judiciales abiertos con casi la totalidad de los lugares de la Tierra. Los pueblos se habían rebelado contra la aplicación de las nuevas Ordenanzas de 1546.

Detalle del escudo heráldico de la portada de la ejecutoria de hidalguía de Juan Maldonado. (Archivos Españoles)
Así ganó Juan Maldonado la carta ejecutoria de su hidalguía contra el Regimiento de Cuéllar, que le había puesto en el padrón de pecheros para que pagara como tal (Valladolid, 8 de abril de 1555). Se permitió el lujo de que se la escribieran en pergamino y ha sido apartada a la sección de pergaminos de dicho Archivo de la Chancillería de Valladolid como documento excepcional. Tiene una orla y el siguiente escudo de armas: Cuartelado. 1º, en gules, cinco lises de oro, puestos en sotuer; bordura azul; 2º, en plata, seis candados? de azur, puestos de dos en dos; 3º, en oro, dos lobos, pasantes de azur, y 4º, en verde, un águila esplayada; bordura de gules. De este escudo nada dicen los testigos en el pleito, ni de que luciera en ninguna casa de Horcajo de las Torres ni de Paradinas de San Juan. Ignoramos si Juan Maldonado se lo sacó de la manga. Lo cierto es que muchos de los elementos de su escudo son los mismos de los escudos de los regidores cuellaranos y, sean o no candados los elementos que aparecen en el segundo cuartel, consiguió con ello acallar las reclamaciones del Regimiento de la villa. (8)

***

Para terminar, la suerte de las obras de los hermanos Juan y Julián Maldonado estuvo ligada a que habían sido realizadas, muchas de ellas, para pequeñas aldeas que luego se despoblaron y corrieron la suerte de esos pueblos, se perdieron. Otras estuvieron expuestas, durante la pujanza del barroco, al criterio subjetivo del párroco de turno que las desmontó para sustituir el retablo manierista de pincel por otro barroco y abigarrado al gusto de la época del siglo XVIII. Esto último parece que ocurrió en el pueblo de Gomezserracín con el retablo mayor de Juan Maldonado. En Sanchonuño el cura D. Manuel Marugán, por razones económicas o por considerar que el conjunto del retablo del siglo XVI era meritorio de ser conservado, lo salvó. Eso sí, envolviéndolo en un gran cascarón rococó que le encargó al tallista de Peñafiel Felipe Durán en el año de 1770 que, sin desdecir lo uno con lo otro, puede confundir a quien lo contemple. Las pinturas del retablo de Sanchonuño han sido tenidas en muy poca estima por Collar de Cáceres, que las considera manieristas pero arcaizantes, obra de mano de un pintor de segunda fila. Las estudió cuando aún no habían sido rescatadas a todo su esplendor después de limpias. Hoy en día se aprecian con mayor claridad y se pueden observar en sus tablas las características estilísticas señaladas para los Maldonado en su primer ciclo cuellarano. Teniendo en cuenta que, en lo artístico, Sanchonuño siempre estuvo pendiente de lo que se hacía en Gomezserracín, proponemos también como autor de su retablo a Juan Maldonado.

Retablo mayor. Sanchonuño (Segovia). Escenas de la vida de Santo Tomás Apóstol.  Santo Tomás hace caer al ídolo. Circa 1550. Juan Maldonado? 

CONCLUSIONES:
En el presente artículo hemos incidido en la intervención conjunta, y su fracaso, de los dos hermanos Maldonado en la arquitectura efímera realizada en Valladolid, en el año 1565, para recibir a la reina Isabel de Valois, mujer de Felipe II. Además, hemos dado a conocer el pleito que sostuvo Juan Maldonado con el Regimiento e hijosdalgo de la villa de Cuéllar para que le reconocieran a él su propia hidalguía. Este documento nos aporta noticias fidedignas de sus orígenes abulenses (Horcajo de las Torres, 1515) así como que fue su padre, Juan Maldonado el Viejo (c. 1490-c. 1537), el primer pintor de la saga familiar y cuya obra habría que rastrear en los pueblos de la zona del noroeste de Ávila y los colindantes de Salamanca. También nos permite adelantar su presencia y establecimiento en Cuéllar al año 1545. Por último, Gabriel Cárdenas Maldonado, el mejor pintor de la saga, tomó su primer apellido de su bisabuelo Rodrigo de Cárdenas.


José Ramón Criado.


NOTAS:

1.- A pesar de la reciente publicación en estas páginas de un trabajo de Miguel Herguedas Vega sobre estos pintores (Los pintores Maldonado en Cuéllar. Revista LA VILLA. Nº 52. Abril 2014), creemos necesario dar a conocer los datos que aportamos en nuestro artículo. Principalmente lo relativo al lugar de procedencia de esta familia de artistas avecindados en Cuéllar desde mediados del siglo XVI. Eran de Horcajo de las Torres (Ávila) y no procedentes de la zona palentina de donde, por afinidad estilística con otros pintores, se ha venido afirmando que eran. Aprovechamos el trabajo de Miguel Herguedas para poner en antecedentes al lector de lo fundamental respecto a lo recogido sobre Juan y Julián Maldonado.
Véase también: Alfonso Montero, Un dibujo de Julián Maldonado». Revista LA VILLA Nº 27. Págs. 29-30.
2.- Fernando Collar de Cáceres. Pintura en la antigua diócesis de Segovia (1500-1631) Segovia 1989.
3.- Collar de Cáceres. Las Edades del Hombre. El árbol de la vida. Segovia 2003. Ficha sobre la tabla El lavatoria. Julián Maldonado (1575). Pág. 116.
4.- La noticia de la participación de Juan y Julián Maldonado en esta empresa la dio a conocer José Martí  y Monsó: Estudios histórico-artísticos: relativos principalmente a Valladolid, basados en la investigación de diversos archivos. Miñón. Valladolid. Circa 1900.
Pleito de Benedetto Rabuyate, Antonio de Ávila y Mateo de Espinosa, pintores, vecinos de Valladolid, contra el concejo de esa villa, para que les pague el exceso de trabajo que hicieron en el arco de triunfo efímero que se les encargó para decorar la entrada en Valladolid de la reina Isabel de Valois. Real Chancillería de Valladolid. PL CIVILES,FERNANDO ALONSO(F),CAJA,1436,3.


5.- Hidalgo por el cuerno era un término de chanza y burla que los vecinos de Segovia utilizaban contra los vecinos pecheros de Zamarramala. Estos vecinos se encargaban de la vigilancia del alcázar mediante rondas nocturnas y por ello estaban exentos de pagar impuestos. La alusión por el cuerno venía dada porque durante la vigilancia sonaban una bocina o cuerno para avisarse entre ellos. Al no pagar el servicio, se asimilaban a los hidalgos sin serlo por sangre. Esta acepción está recogida por Covarrubias en su Tesoro.
6.-Ejecutoria del pleito litigado por Juan Maldonado, vecino de Cuéllar (Segovia), con Alderete, procurador fiscal, y el concejo, justicia y regimiento de Cuéllar (Segovia), sobre su hidalguía (1555). Real Chancillería de Valladolid. REGISTRO DE EJECUTORIAS, CAJA 832,5.
7.-Horcajo de las Torres, pueblo natal de los hermanos Maldonado, era de los más poblados de la Tierra de Arévalo con 227 vecinos pecheros, lo que le haría estar próximo al millar de habitantes, según la Averiguación de la Corona de Castilla (1525-1540). En él se construyó un importante palacio renacentista que pudo ser el foco de trabajo para Juan Maldonado el Viejo. Carlos V segregó este pueblo de Arévalo para compensar los servicios del Inquisidor General Fernando de Valdés, que extirpó el brote luterano en Sevilla. En la misma averiguación de vecinos, la villa de Cuéllar contaba con  380 vecinos pecheros.
8.-Alfredo Basanta de la Riva: Quinientos documentos presentados como pruebas en la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid. (Genealogía y Nobleza)