MANUEL ANTONIO GÓMEZ, ALCALDE MAYOR DE CUÉLLAR:
UN PATRIOTA DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.
(EL TERCIO DE CUÉLLAR)
En el número 44 (Agosto de 2011)
de la Revista “LA VILLA”, el historiador
Antonio Madrigal publicaba un artículo en el que daba cuenta de los avatares
acaecidos durante la Guerra de la Independencia en cuanto a la ocupación de los
cargos del Regimiento cuellarano (Alcaldes y regidores) durante este periodo.
El trabajo me resultó, por la aportación de datos que desconocía, interesante,
bien documentado y contextualizado. Si bien, en cuanto a lo que se dice en él
respecto a D. Manuel Antonio Gómez podría dar lugar a confusión en lo que se
refiere a la postura que tomó este personaje ante la llegada de los franceses a
la villa de Cuéllar. Se dice: “(Al frente de la corporación), entre 1805 y
1808 nos encontramos a Urbano Rincón de Ayala, Manuel Antonio Gómez y a Lucas
Herrero, todos ellos miembros de la hidalguía
y designados por el Duque en el uso de sus prerrogativas. A finales de
1808, el alcalde Manuel Antonio Gómez desaparece sin que se pueda adivinar
el motivo (…), más tarde las mismas fuentes municipales informan de que el
citado alcalde desapareció con importantes capitales públicos, pero sin
esclarecer el motivo de la desaparición”.
El objetivo de la redacción de
este artículo es reivindicar la memoria de Manuel Antonio Gómez y aclarar que su
desaparición de Cuéllar no tuvo nada que ver con la apropiación de esos
caudales públicos, lo que puede inferirse a partir del trabajo que da pie
al nuestro, sino que su marcha de la
villa fue motivada por su determinación de no servir al enemigo francés y
que fue por lo tanto, en el sentido más amplio del término y en el de su
época, un “patriota” que se opone como español a la traición y ocupación
francesas con los medios a su alcance y desde un cargo de responsabilidad como
el que tenía en el año 1808: Alcalde Mayor de Cuéllar. Es posible que sus
colegas del Ayuntamiento no expresen realmente los motivos de su marcha por no
comprometerse al verbalizarlo por si las
tornas de la guerra cambian.
ALCALDES MAYORES DE CUÉLLAR EN EL ANTIGUO RÉGIMEN
Por los documentos recogidos sobre alcaldes mayores en el periodo que nos ocupa, y para el caso de Cuéllar, se puede inferir que no basta con una titulación reconocida en leyes, sino que al final son el carácter e integridad de cada uno de los alcaldes mayores los que determinan su buen o mal hacer a la hora de impartir la justicia y ser ecuánimes al aplicarla. Ejemplo de mal desempeño del cargo de Alcalde Mayor es Sánchez Santiago, que será objeto de pleitos colectivos (los procuradores sexmeros de la Tierra) y de otros que le interponen también personas particulares y que vienen a corroborar el descontento popular hacia esta figura. Enconada va a ser la rivalidad con la familia Baquerín. Por poner sólo un ejemplo, el arrendador de las Salinas Reales en Cuéllar, Juan Baquerín, en 1787, demandará a este Alcalde mayor por no haber sido diligente en solucionar una inundación de agua que sufrió en el almacén de la sal que se produjo, al parecer, por una filtración desde la abacería del pescado contigua y que había dado al traste con 28 fanegas de sal. (1) El Alcalde Mayor es absuelto y Baquerín condenado en las costas. Denunciar al Alcalde mayor supone hacerlo ante la instancia de justicia superior, esto es, ante la Chancillería de Valladolid.
Resumiendo, se puede afirmar que los 38 pueblos que componían a finales del siglo XVIII la Tierra de Cuéllar están sujetos a la jurisdicción ordinaria que ejerce el Duque, aplicando esta justicia, en grado de segunda instancia, a través de sus alcaldes mayores, algunos de los cuales en el desempeño de su labor han dado motivos para que los vasallos se hallen descontentos. La justicia que en primera instancia desarrollan los alcaldes pedáneos u ordinarios, en los pueblos y en la Villa, está muy limitada porque lo están también sus competencias en cuanto a las cuantías de los casos que pueden juzgar y la de las penas que pueden imponer. Así está la situación cuando D. Manuel Antonio Gómez es destinado a Cuéllar desde otro de los estados del Duque, Ledesma.
MANUEL ANTONIO GÓMEZ, ALCALDE MAYOR DE CUÉLLAR.
Los documentos consultados no permiten establecer con
seguridad el lugar de su nacimiento. Me inclino a pensar que fuera de la misma
Ledesma que es donde se va a refugiar en el mes diciembre de 1808, pero también
se refiere él mismo a que es emigrado en ella respecto a la villa de Cuéllar.
Es en la villa salmantina de Ledesma donde aparece documentado como Alcalde
mayor en diferentes pleitos cotejados en la Chancillería de Valladolid. El
propio Gómez afirma que había ejercido este cargo durante siete años y medio:
1799-1805. En esta última fecha aparece ya destinado en Cuéllar y
firmando sentencias desde el mes de
julio (2). Llega a la Villa en un momento de profunda crisis, el hambre
y las epidemias castigan a la población que sobrevive bajo mínimos. El año 1804
ha sido especialmente terrible debido a la falta de lluvias que ha provocado la
ruina de las cosechas que se suma a las que ya han sido malas en años
anteriores. Los 38 lugares de la Tierra solicitan una moratoria al Duque para
pagarle la contribución de cebada, gallinas y paja. Pero todo este panorama
solo es el preludio de lo que se viene encima: la guerra contra la ocupación
francesa está a la vuelta de la esquina, con todos los desastres que
acarreará.Desde el levantamiento del 2 de Mayo en Madrid, Cuéllar vive expectante de las noticias que llegan respecto a la toma de Segovia el 7 de junio y de los acontecimientos más próximos en Valladolid. Es difícil saber el poder de convocatoria que tuvieron estas primeras hazañas de la guerra en la respuesta por parte de voluntarios de la comarca cuellarana.
Después de la derrota francesa en Bailén, y por un tiempo, las cosas cambian. Retirados estratégicamente los franceses a la línea del Ebro, las nuevas autoridades españolas, surgidas del vacío de poder, las Juntas, comenzaron a tomar medidas destinadas a organizar la lucha contra las tropas napoleónicas. Madrigal nos da cuenta en su artículo de cómo las autoridades de Cuéllar solicitan al Capitán General de Castilla la Vieja, y presidente de su Junta Superior, la formación de una Junta de Armamento local, subalterna de la de Segovia. Integran la dirección de la Junta D. Lucas Herrero, Manuel Picatoste, Santos Pilar y Ramón de Íscar y su presidencia recaerá en el Alcalde mayor D. Manuel Antonio Gómez.Las funciones de la Junta de Armamento, en palabras del propio general Cuesta, “han de ser las de encargarse del alistamiento de los vecinos útiles para el servicio de armas, distribuirles las que se pudieran juntar y organizarlos en compañías, tercios o batallones, bajo la dirección e instrucción de oficiales del ejército o retirados que serán destinados para ese fin”. Es de esta manera como nace el Tercio de Cuéllar, que fue más que un proyecto sobre el papel, aunque nunca, como unidad militar, llegara a entrar en combate. Efectivamente, la Junta cuellarana, con Gómez a la cabeza, empeñó los meses siguientes, desde septiembre a noviembre, todo su esfuerzo en crear una unidad militar propia y reclutada entre los varones del partido de Cuéllar, a uniformarla y a armarla, a la par que buscaba los medios para sufragar los gastos que su dotación conllevaba, aprovechando los fondos y arbitrios que fueran necesarios y “excitando y recogiendo los donativos y ofertas patrióticas”. (3)
EL TERCIO DE CUÉLLAR
A mi entender, había un modelo próximo a seguir en la
organización del Tercio de Cuéllar. Me refiero al Regimiento Provincial de
Segovia, cuerpo creado en1766 y compuesto enteramente por soldados reclutados en la provincia, con
un cupo para cada lugar en proporción a su población. En teoría era un ejército
de reserva, pero había sido movilizado en la guerra contra Francia en el año
1793, habiendo allí entrado en combate, con sus consecuentes bajas, y siendo
así una cantera de veteranos experimentados. No es casualidad, por poner sólo
dos ejemplos, que El Empecinado o el guerrillero salmantino El Charro, fueran
precisamente veteranos de esta Guerra del Rosellón. No faltarían estos
veteranos en Cuéllar y su Tierra y su experiencia sería aprovechada para
hacerlos suboficiales del Tercio. Los mandos superiores, como así era en el
Provincial, serían reservados para los miembros del estado noble. En cuanto a
su contingente, el propio D. Manuel Antonio Gómez habla de 500 plazas,
evidentemente de infantería porque no daría para más, lo que supone hablar de
cuatro a cinco compañías componiendo el Tercio de Cuéllar. El Alcalde mayor
refiere como un hermano suyo, Juan Gómez, tenía el rango de capitán de una de
esas compañías. No sabemos a quien estaría reservado el mando de toda la
unidad, lo que sí dicen los documentos es que se solicitó al General Cuesta servir
a las órdenes del Duque de Alburquerque en su ejército, petición concedida y
lógica habida cuenta que D. José María de la Cueva y de la Cerda era militar de
carrera, en el arma de caballería, y que como general mandaría importantes
cuerpos de ejército durante el primer año y medio del conflicto.
Además de la organización de esta nueva unidad militar
que es el Tercio de Cuéllar, para los ejércitos de este periodo es muy
importante su uniformidad, y a este empeño se van a dedicar medios y esfuerzos
por parte de la Junta de Armamento cuellarana. La prueba más contundente de que
estos uniformes se confeccionaron es el hallazgo en diferentes campos de
batalla de botones metálicos con la inscripción “Tercio de Cuéllar”. Entonces,
si el Tercio como unidad propia no participó en batalla alguna, ¿a qué se debe
la aparición con relativa frecuencia de botones de este cuerpo?
NAPOLEÓN EN SOMOSIERRA
En el mes de noviembre Napoleón, con lo mejor de sus
ejércitos, viene a España a poner las cosas en su sitio. Desmanteló el
dispositivo del ejército español y el
grueso del ejército francés marchó sobre Madrid por el camino
Burgos-Aranda-Somosierra. Este puerto era el último obstáculo que se les
presentaba a los franceses para ocupar
la capital. Para proporcionar avituallamiento
a las últimas unidades del ejército español que se opondrán a los
franceses en su camino hacia Madrid, el corregidor de Sepúlveda escribe a
Manuel Antonio Gómez (18 de noviembre) comunicándole lo que le corresponde
suministrar a Cuéllar y su partido. El Alcalde mayor reúne a los procuradores
sexmeros que quedan asustados por la cuantía de esta contribución: 4000
raciones diarias de pan, cebada y paja, cien carros de leña, setenta arrobas de
vino, treinta carneros y veinte caballerías para bagajes. Los procuradores
expiden un poder para hacer llegar al corregidor de Sepúlveda que “es imposible contribuir diariamente con los
utensilios que se les pide por ser la cosecha de este año muy corta en todas
especies”. (4) El día 30 Napoleón está en Cerezo de Abajo y manda a su
caballería polaca cargar y deshacer las baterías españolas que se le oponen en
Somosierra. El camino hacia Madrid está expedito. Con los franceses tan cerca y
con una responsabilidad tan comprometida es cuando D. Manuel Antonio Gómez decide
huir de Cuéllar camino de Ledesma y establecerse en esta localidad salmantina
como territorio conocido para él y más seguro de momento. (5)
Es en Ledesma donde, hacia
mediados de diciembre, Gómez entra en contacto con el Vizconde de Quintanilla,
vocal de la Junta Central. (6) Manuel Antonio Gómez, que se le presenta como
Alcalde mayor de Cuéllar, le solicita
autorización “para extraer de dicho
pueblo un tercio que se estaba levantando de quinientos hombres, cuyo armamento
y vestuario tenía ocultos, procurando por cuantos medios le fueran posibles que
los mozos que componían el Tercio marchasen al Ejército”, lo que le pareció
bien al Comisionado Quintanilla, previa información favorable que tomó acerca
del Alcalde mayor. Asimismo, en este encuentro se decide nombrar a dos
eclesiásticos “del mayor carácter” a
fin de conducir a Ciudad Rodrigo más de ochenta arrobas de plata de las
iglesias de la jurisdicción de Cuéllar expuestas a ser robadas por los
enemigos. (7)Esta era la misión de D. Manuel Antonio Gómez, volver a Cuéllar y tratar de regresar con los 500 hombres del Tercio, o por lo menos con su equipación que él cree tener controlada. Del desarrollo de la misma el propio Vizconde de Quintanilla, desbordado por los acontecimientos de la Guerra, no volvió a saber nada, tampoco tenemos un relato pormenorizado de la actuación de D. Manuel. Todo apunta a que el Alcalde mayor no encontró en su regreso a Cuéllar las facilidades que esperaba o que, sencillamente, alguien se le adelantó. Y es en este punto donde aparece en escena otro protagonista destacado en los hechos próximos de la Guerra: el General Hugo.
EL GENERAL HUGO: EL SECUESTRO DE
LOS UNIFORMES.
Sigisbert Hugo (1773-1828), más
conocido por haber sido el padre del famoso escritor Víctor Hugo, había acompañado
al rey José I desde Nápoles a España. Siguiendo un encargo expreso del rey
intruso, se había hecho cargo en el mes de diciembre del regimiento Real
Extranjero, un cuerpo formado inicialmente con suizos, wallones y franceses
represaliados del ejército de Dupont, bastante indisciplinado, de nueva
creación y por lo tanto también sin el equipamiento necesario e imprescindible
para el invierno de la Meseta. El general Hugo había avanzado desde El Pardo
hacia Villacastín encargándose de la seguridad de las comunicaciones. Desde el
sur de nuestra provincia, recibió la orden de avanzar hacia Ávila para hacerse
cargo de su mando. Según sus memorias, a principios de enero de 1809, en Ávila,
sus soldados del Real Extranjero seguían sin indumentaria: “ninguna ropa, ningún equipamiento le había
sido entregado aún, y su situación de penuria lo agotaba mucho en esta
temporada siempre inclemente en las altas montañas”. (11) Y a continuación
nos relata el general lo que nos interesa para la suerte del vestuario del Tercio
de Cuéllar:
“Fui informado por los numerosos partidarios secretos del nuevo orden
(afrancesados), que en Cuéllar acababan de confeccionar ropa y otros artículos
para los voluntarios del distrito de esa pequeña ciudad, situada a doce leguas
de nosotros (respecto a Ávila) en línea recta, en la provincia de Segovia. Así
que lo arreglé todo para quitárselos y pronto estuvieron en los almacenes de mi
regimiento.” Este sin duda parece haber sido el destino de los uniformes
del Tercio cuellarano y sería el Real Extranjero del General Hugo el que
esparció por ambas Castillas el botón metálico de sus uniformes que habría
mantenido en los mismos. Se afirma que botones del Tercio de Cuéllar se han
recuperado incluso en Rusia, llevados allí por soldados en la campaña
napoleónica de 1812. (9)No conseguiría, por lo dicho, Gómez hacerse con los uniformes. Para finales de febrero hay constancia de que el Alcalde mayor sigue ausente de Cuéllar y sus funciones recaen en otros miembros del Regimiento. Así Fernando Rodrigo se hace cargo de oficio en el homicidio de un vecino de Cuéllar.*Para saber acerca de D. Manuel Antonio Gómez tenemos que volver a tierras de Salamanca que es donde aparece ahora a las órdenes de D. Miguel Modet.
SEGUNDA MISIÓN EN CUÉLLAR.
D. Miguel Modet y Egúsquiza* al
servicio de la Junta Central, había sido comisionado por ésta para que pasara a
Ciudad Rodrigo y Castilla la Vieja a reanimar el espíritu público en momentos
tan críticos (enero de 1809), así como para activar los alistamientos y divulgar
y hacer cumplir las órdenes del Gobierno personificado en dicha Junta. Para
acometer esta misión necesita colaboradores necesarios, tanto militares como
civiles, y es con este fin que D. Manuel Antonio Gómez entra a su servicio en
el desempeño de una función que se podría definir como de “comisario de
guerra”. Es así que desde los primeros
informes emitidos por Modet desde Ciudad Rodrigo se destaca la labor
desempeñada por nuestro Alcalde mayor, sobresaliendo la misión que, con mayor
probabilidad, realizó en el mes de febrero y que supuso su regreso a tierras
cuellaranas para divulgar las circulares
de la Junta. Modet da cuenta de que el corregidor Gómez había entrado en
contacto durante esta misión en Cuéllar con “D. Juan Martín, natural de Castrillo de Duero, sugeto bien acreditado
por su valor y por el daño que en Castilla ha causado al enemigo, asociado con
sus hermanos y otros compañeros”. No se le cita aquí como El Empecinado,
pero Gómez contacta en las proximidades de Cuéllar con este guerrillero al que
le hace llegar las órdenes emitidas por la Junta Central, incluida sin duda la
recientemente promulgada sobre formación de partidas de guerrillas,
alistamiento de mozos y requisición de caballos, habiéndole dado varios
ejemplares de todas para que las divulgara el propio Juan Martín. En relación a la realización de esta comisión, aparece en la correspondencia de Modet con la Junta Central una partida de 1772 reales que correspondían al “corregidor de Cuéllar de pagar el coste de las postas desde Cuéllar a Ciudad Rodrigo, y hago especial recomendación de este corregidor, llamado D. Manuel Antonio Gómez, que con su hermano D. Juan, Capitán nombrado del Tercio de Cuéllar, pasó al partido de Ledesma de donde sacó 63 mozos, que, aunque perseguido por el enemigo, presentó en Ciudad Rodrigo, a más de otros quince entregados a D. Carlos Garcimartín, comandante de la partida avanzada de Villavieja.”
EN TIERRAS DE SALAMANCA.
Afrontó otras misiones Manuel
Antonio Gómez en tierras de Salamanca. Así se cita el conflicto que tuvo en
Salvatierra, donde dos alcaldes de la zona le desbarataron la conducción de 70
mozos que había reclutado en esa comarca para el ejército, habiendo puesto
preso por ello a uno de los alcaldes y al otro mandado prender. De donde se
deduce la dificultad de su misión y la resistencia de parte de la población a
los alistamientos.Hasta aquí las principales misiones recogidas en los informes y realizadas por D. Manuel Antonio Gómez y referidas a los primeros meses de 1809. En junio, el Alcalde mayor de Cuéllar aparece en Ciudad Rodrigo, reducto fortificado aún en poder de los españoles, y desde allí solicita a las autoridades se le auxilie en lo necesario, pues lleva emigrado siete meses de Cuéllar y no cuenta con los suficientes medios de subsistencia al no poder disponer de sus bienes:
“D. Manuel Antonio Gómez, Alcalde Mayor de la Villa y Partido de Cuéllar, y Presidente de su Junta de Armamento, hace presente a V.M. (la Junta Central) que por no servir al enemigo emigró abandonando su casa y bienes; que ha desempeñado varias comisiones que sucesivamente le encargaron el Vizconde de Quintanilla y D. Miguel Modet, sin que se le hayan abonado más gastos que los que le ocasionó la comisión que le confió este último; y que se halla sin el más mínimo recurso para su precaria subsistencia, por haber consumido lo que tenía en los siete meses que van ya desde su emigración. Solicita de V.M. le mande dar algún auxilio por la Tesorería del Exercito de Ciudad Rodrigo, donde se halla…”
Como no podría ser de otra manera, los informes que emiten el Vizconde de Quintanilla y el mismo Modet le son muy favorables deshaciéndose en elogios hacia el corregidor:
“…que en atención a esto, al buen concepto que goza en los pueblos de su jurisdicción, según le han informado personas fidedignas y a sus decididos y honrados sentimientos, que le son bien conocidos, le contempla muy acreedor a la piedad de V.M. y a que se le coloque ventajosamente en su carrera, e ínterin se mande socorrerle con lo necesario para su decente subsistencia; animando de este modo a los que se resuelvan a arrostrar peligros en servicio de la patria.
Por la correspondencia de D. Miguel Modet resulta que Gómez ha estado en los pueblos ocupados por los franceses, ha esparcido proclamas, ha reclutado mozos y ha hecho todo cuanto le ha sido posible a favor de la buena causa”.
Nuestro protagonista desaparece, en la documentación consultada, hasta el año 1815 en que figura como Alcalde del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid, del Consejo de su Majestad, el rey Fernando VII. Esto al menos nos da cuenta de que Manuel Antonio Gómez sobrevivió a la Guerra en la que corrió, como hemos visto, no pocos peligros y que optó a cargos más importantes dentro de su carrera. En el documento referido, es convocado de oficio para que investigue el robo de pleitos efectuado en el Archivo de la Chancillería, descubierto en enero de ese año.
Espero, con esta mi primera
colaboración en la revista LA VILLA, haber conseguido el objetivo que me había
propuesto: reivindicar la memoria de nuestro protagonista y dar a conocer su
compromiso con la causa antifrancesa. Y quiero expresar, y saco como
conclusión, que la abundante información que aportan los Archivos cuellaranos
se enriquece cuando la cruzamos con la que nos aportan los archivos
provinciales y nacionales, y que esto nos permite un mejor conocimiento y a
acercamiento a un personaje, a un pueblo, a una sociedad, a la Historia, en
suma, de nuestros antepasados.
José Ramón Criado Miguel (Diciembre de 2012)
1. Se trata del
mismo Juan Baquerín que cita Madrigal en su artículo como primer alcalde
constitucional de la Villa en 1812. Su actividad profesional, al menos por
estos años, aparece ligada al arrendamiento del monopolio de la sal (Real Alfolí), el cual también había ejercido su padre, Tomás Baquerín. Sin
embargo, en los años previos a la Guerra, Juan Baquerín Salazar aparece en un
documento del Archivo Histórico Nacional como Interventor de Cuentas Reunidas
de Cuéllar, por lo tanto funcionario, como solicitante de licencia de
casamiento con Augusta García, ya con 50 años. (AHN FC-Mº_HACIENDA,515, EXP.3069)
2. Gómez aparece
documentado desempeñando otras funciones que le corresponderían como Alcalde
mayor. Balbino Velasco lo cita en su Historia de Cuéllar (1981, pág. 544)
firmando un informe, dirigido al Consejo de Castilla, sobre el estado de la
enseñanza primaria en Cuéllar,
fechado en el año 1807. Y en la primavera de 1808 firma también, como
representante de la Administración, las
escrituras de venta de tierras vinculadas a la Iglesia que pasan a manos
privada y que cabría enmarcar dentro de la que se conoce como Desamortización
de Godoy. 3. AHN. Consejos, 5519, Exp. 30. Turégano, 19-9-1808.
4. Archivo Histórico Provincial de Segovia. AHPSg. Protocolos de Acebes Santos. 1808.
5. En estas mismas circunstancias, el obispo de Segovia y presidente de su Junta de Armamento, D. Juan José Sáenz de Santa María, abandonó su diócesis poniéndose a salvo al otro lado de Guadarrama, temiendo por las represalias que sufriría de haber permanecido en la capital, justamente por ser presidente de dicha Junta. Estaba escarmentado de las que sufrió el 7 de junio, temiendo incluso por su vida. El prelado no regresará ya nunca a su obispado y acabará sus días en Cádiz donde participó en las Cortes distinguiéndose en ellas por su reacción ante las libertades que se proclamaban. (Carta del Obispo de Segovia a la Junta Central. AHN).
6. Vizconde de Quintanilla: Este político liberal jugó un papel destacado durante los primeros momentos de la Guerra de la Independencia llegando a ser vocal de la Junta Central, con rango de ministro. Tuvo problemas con el general Cuesta que no le reconoció su autoridad en Castilla y lo llegó a encarcelar en el alcázar de Segovia. Liberado, desempeñó importantes funciones para la Junta y tan documentadas que nos permiten seguir día a día sus tareas durante el mes de diciembre de 1808 y establecer la fecha de su encuentro con nuestro Alcalde mayor. *Por su parte, Modet llegaría a ser ministro de Gracia y Justicia del rey Don Carlos, por lo tanto, además de navarro, también carlista.
7. A partir de aquí me baso fundamentalmente en dos documentos del Histórico Nacional: AHN-Estado, 65, G y AHN-Estado, 16, A.
8. Memorias del General Hugo. Editorial Renacimiento. Sevilla 2007. Págs. 159 a 168.
9. Los coleccionistas de botones militares suelen dar a conocer en sus foros sus hallazgos pero mantienen como código no informar en qué lugares los han encontrado ya que presuntamente lo hacen de manera furtiva.
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