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sábado, 3 de marzo de 2018

UNA NUEVA GENEALOGÍA PARA LOS VELÁZQUEZ DE CUÉLLAR (Y III)


LA CASA DE LA TORRE O PALACIO DE PEDRO I EL CRUEL: SUS MORADORES. (y III)



 


En las dos entregas anteriores hemos demostrado que el conjunto de bienes que había legado Don Juan Manuel a Elvira Blázquez (viuda de Pero González Dávila), en 1348, seguía agrupado y se transmitía por mayorazgo dentro de la rama principal de la familia Velázquez. Cuando María de Toledo, viuda del Ldo. Juan Velázquez, dicta su testamento en 1505, en lo que respecta a Ortún Velázquez solo tiene que expresar la fórmula “lo que le toca”. Como hijo mayor del matrimonio todos asumen lo que le corresponde: la Casa de la Torre, y el palacio y heredades en Viloria, pinares, tierras, prados y molinos. (1)




ORTÚN VELASCO O VELÁZQUEZ. CABEZA DE LOS VELÁZQUEZ.

Primogénito, como se ha dicho, del Ldo. Juan Velázquez y de Dña. María de Toledo. Natural de la villa de Cuéllar. Heredero del mayorazgo de la Casa de la Torre, heredades y palacio de Viloria, pinares y molinos. Sin embargo, prefirió salir de Cuéllar para hacer carrera; fue otro favorecido de sus parientes de Arévalo (Gutierre y Juan Velázquez) que le reclamaron para que optara a cargos de relevancia como cliente familiar en la órbita de la corte de los Reyes Católicos.

El primer destino del que se tiene noticia es el de alguacil de la ciudad de Soria, por el Ldo. Gutierre Velázquez, su tío, corregidor de la misma, en el año 1493. Gutierre, como mayordomo de la reina viuda Isabel de Portugal, se hizo con el corregimiento de Soria, como oficial absentista. Es decir, delegaba las funciones en otras personas que le representaban, miembros de su clientela, en las funciones de gobernar e impartir justicia en Soria y su Tierra. Sorprende que, una vez muerta la madre de Isabel la Católica, su hijo Juan Velázquez de Cuéllar siguiera ostentando este cargo de corregidor de Soria, que en justicia ya no le correspondía y lo fue incluso después de la muerte de Fernando el Católico. Sin duda, Juan Velázquez se mantuvo como corregidor de Soria por merced que le harían los Reyes Católicos, que le tenían en mucha estima. Por allí desfilarían otros parientes de Cuéllar, pues también fue un oficial absentista como su padre Gutierre Velázquez.

Después de otras funciones que realizó como contino de los reyes, incluso en Andalucía, Ortún Velasco, dentro de la órbita de su primo Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor, fue nombrado teniente de contador de la reina Juana. Coincidió en este desempeño con San Ignacio de Loyola, que también había recalado en Arévalo en casa de Juan Velázquez de Cuéllar y María de Velasco, su mujer, con el mismo objetivo de ser promocionado en la corte al amparo de esta influyente familia.

La caída en desgracia en 1517 de Juan Velázquez de Cuéllar por la oposición que hizo a la entrega de la villa de Arévalo a Germana de Foix, supondría también dificultades en los progresos de sus protegidos. Ignacio de Loyola volvió a su patria y el seguimiento de Ortún Velasco se complica en la documentación. En el año 1531 figura el contador Ortún Velasco como alcaide del castillo de Arévalo (se le libraron 100.000 maravedíes para obras en el mismo). Creemos que se trata del de Cuéllar.

Los pleitos mantenidos por los Velázquez, de la rama principal, en Viloria nos informan sobre los miembros de la familia y de cómo los vecinos de ese pueblo habían ocupado parte de las posesiones de la casa. Estas posesiones consistían en una casa situada en el pago que llamaban Los Quiñones, que puede corresponderse con el nombrado palacio de Viloria, una serie de prados (La Requijada) y otras tierras por las que los Velázquez recibían una renta de veinte fanegas en pan partido (mitad trigo y mitad cebada). El origen de los pleitos se remontan a principios del siglo XVI, aún viva Dña. María de Toledo, y siguen durante bastantes años ya que los vecinos de Viloria les ocupaban y les disputaban a estos Velázquez la propiedad de esos bienes, habiendo roturado parte de los prados.

En el pleito de 1527 es Ortún Velasco, contador de la reina, quien da poder a sus procuradores de Cuéllar para que traten sobre los prados que le tienen ocupados, partidos y divididos, el concejo y hombres buenos de Viloria.

De nuevo nos encontramos para la primera mitad del siglo XVI con alguna dificultad para establecer de manera continuada la descendencia por la línea principal de los Velázquez. Contábamos con bastantes piezas, pero quedan pendientes de hacerlas encajar.

Nos falta saber quién fue la mujer de Ortún Velasco I, hijo del Licenciado Juan Velázquez de Cuéllar y de María de Toledo. La línea del mayorazgo de la Casa de la Torre seguiría por Marina Velázquez I, hija de Ortún I, que casó con Sancho de Salinas (consorte del mayorazgo), que se transmitía también por línea femenina. Del matrimonio nacieron varios hijos y el primero llamado a heredar fue Ortún Velasco II, nombrado como su abuelo, que casó con Juana Rodríguez de Noreña. Este matrimonio no tuvo descendencia.





 

MARINA VELÁZQUEZ I, CONTINUADORA DE LA LÍNEA.

Deducimos que Marina Velázquez I fue hija de Ortún Velasco I porque en 1555 el marido de la primera, Sancho de Salinas ya viudo, actuó como curador de los bienes de su hijo Ortún Velasco II y los defendió contra los vecinos de Viloria (habían cambiado el cauce de un arroyo que perjudicaba a los molinos de los Velázquez). Con Sancho de Salinas viudo, como consorte de la heredera de la Casa de la Torre, Dña. Marina, los derechos del mayorazgo pasaron a su hijo mayor, Ortún Velasco II, por ser la madre quien traspasaba esos derechos. Al morir Ortún sin sucesión, el mayorazgo pasó a su hermano Luis Velázquez de Salinas o, sencillamente, Luis de Salinas.

De esta manera, hacia mediados del siglo, o poco después, quien figura como heredero principal de la Casa de la Torre es dicho Luis Velázquez de Salinas, hijo de Sancho de Salinas y de Dña. Marina Velázquez I. Aparece en 1555 solicitando permiso para pasar al Perú, pero si estuvo en América, acabó pronto regresando a Cuéllar. (2) Casó con Dña. Manuela Velázquez, hija de D. Francisco Velázquez de Gijón, quien fuera gobernador de Yucatán, y de Dña. Luisa Soria, y de ese matrimonio nació su única hija y heredera de la Casa de la Torre con los bienes asociados en Viloria. Nos referimos a Dña. Marina Velázquez, nombrada como su abuela paterna, que quedó huérfana de padre y madre siendo niña.

Se dio la circunstancia de que Luis de Salinas nombró en su testamento heredera universal a su hija Marina, pero le puso unos tutores, para que le administrasen sus bienes hasta la mayoría de edad, diferentes a los que le instituyeron sus abuelos maternos, D. Francisco Velázquez de Gijón y Dña. Luisa Soria; el primero había fallecido de regreso de América en el año 1580. Esto dio lugar a un pleito más entre los tutores propuestos por cada parte.

Marina Velázquez heredó también algunas deudas de su padre y abuelo y como tal heredera tuvo que hacer frente a las demandas. Es significativo que en estas reclamaciones se le quisiera embargar la Casa de la Torre, como propietaria de ella. En concreto, en el pleito que le puso Juan Bernardo Rodríguez de Noreña, sobrino de Dña. Juana Rodríguez de Noreña, sobre 400 ducados que le reclama por debérselos su difunto padre, Luis de Salinas. (3)

Para hacer frente a dichas deudas, los ejecutores confiscaron en Segovia cuatro cajas de añil, tinte que el abuelo de Marina Velázquez de Salinas, Francisco Velázquez de Gijón, había hecho llegar a esta ciudad en su regreso como gobernador desde Yucatán. Y para alcanzar la cuantía de la deuda también embargaron en Cuéllar unas casas que llaman Casa de la Torre que son de la dicha Dña. Marina Velázquez.

En un viejo memorial del siglo XVII, lleno de patrañas que algunos colegas dan crédito, hallamos una noticia que tenemos por cierta. Dña. Marina Velázquez  II, la triste niña huérfana, descendía de Ortún Velázquez y era señora del Palacio que llaman de la Torre, de Viloria, Tierras, Pinares y Molino. Sigue diciendo que casó en Segovia con D. Juan Gerónimo de Contreras, regidor de dicha ciudad, cuyo hijo fue D. Luis Jerónimo de Contreras, caballero de Santiago, Vizconde de Laguna Contreras y Conde de Cobatillas, Corregidor de Madrid, del Consejo Real de Hacienda, de capa y espada, con sucesión.

Con esto se confirma nuestra hipótesis inicial y mantenida para la rama principal de los Velázquez: fueron por mayorazgo, desde que se instituyera en el año 1348, dueños de dicha casa en Cuéllar y de los pinares, prados, molinos y palacio de Viloria. De este enlace, como se ha dicho, nació D. Luis Jerónimo Velázquez de Contreras, en quien cayó el mayorazgo de la rama principal de los Velázquez, así lo expresa el propio Melchor Manuel de Rojas en sus Apuntaciones.

 

EL MÉTODO CONSTRUCTIVO.

En el desarrollo del presente estudio (reconstrucción de la línea principal de los Velázquez) hemos aplicado un método de trabajo que me gusta definir como constructivo. Lo aplico como docente y consiste en partir de los datos conocidos para seguir complementando con otros nuevos, construyendo, eliminando, si procede, lo mal estructurado o erróneo. Nada tengo que decir sobre el abundante número de documentos consultados (cuarenta para este caso). No he conjeturado nada, o muy poco. Contra quienes me acusan de beber en otros historiadores que me confunden, es tan obvio que sobra la justificación. Frente al método de los historiadores de salón, sobre titulados o auto acreditados, que desmontan todo lo existente para conjeturar sobre barrido. Los documentos en letra procesal y enrevesada que los trabajen otros, o ni siquiera se plantean que existan porque ni los buscan, y por eso tienen que conjeturar. Frente a la retórica totalitaria, pero vacía, y casi siempre errónea en el contenido. Suerte que el lector es inteligente y no sucumbe a cantos de sirena. (4)

Partimos de los elementos conocidos: donación a Elvira Blázquez (1348) por parte del infante D. Juan Manuel de las casas de San Esteban, palacio, prados, molinos, pinares en Viloria. Luego era la poseedora Dña. Elvira de la casa en dicha parroquia cuando en ella se celebraron las bodas de Pedro I con Juana de Castro. Pergamino capital: es su carta de propiedad.

El segundo poseedor fue Blasco Pérez Dávila, que fue procurador en Cortes por Cuéllar en el año 1390. Casó con Juana Bermúdez, según las genealogías tradicionales.

El otro documento conocido es el testamento de María de Toledo, viuda del Ldo. Juan Velázquez, en el año 1505. Muy fiable pues es el Marqués de Mondéjar quien hizo su recensión sobre el original y nos da cuenta de quiénes fueron sus hijos y herederos y de que era parroquiana de San Esteban en Cuéllar, aunque viviera largos periodos en Viloria, en la casa del mayorazgo.

Entre los dos documentos, distanciados siglo y medio, aparece Melchor Manuel de Rojas y en sus Apuntaciones pone en entredicho las genealogías del cronista Pellicer. Nos hace referencia al testamento del Dr. Ortún Velasco (1436), tercer poseedor de la Casa de la Torre, que él usó y a partir de dicho testamento, construye su árbol genealógico. Sobre todo en lo referente a los que fueron sus hijos: el Ldo. Juan de Cuéllar, que sigue la línea, Pedro de Cuéllar, Ruy Sánchez, Francisco Velázquez, Gutierre Velázquez, Sancho Velázquez y Constanza.

El testamento del Dr. Ortún Velázquez, usado por Rojas, ofrece garantías al ser cotejado hoy con otras fuentes. Coincide con citas de la Colección Documental de Cuéllar y con los datos aportados por el Marqués de Mondéjar (siempre para nosotros historiador fiable) en su Genealogía de la familia Segovia. Las piezas se complementan y encajan y vamos añadiendo ladrillos en el muro. Pero sobre todo, el testamento nos sirve para desambiguar a dos personajes que llevaron el mismo nombre (Ortún Velázquez) y de los que se han confundido sus biografías en una sola. Nos referimos al Dr. Ortún Velázquez, al que corresponde el testamento, muerto en base a dicho documento hacia 1436, y que fue corregidor de Sevilla y oidor de la audiencia del rey, entre otros cargos, y su homónimo Ortún Velázquez, hijo de Alfonso Caballero, que fue clérigo destacado de la curia castellana, Deán de Segovia y obispo de León, muerto en 1460. Esto a pesar de la terquedad de anticuarios redactores de las entradas de la wikipedia, que se autocitan retroalimentando sus errores; o de acreditados juristas, que insisten en la mentira evidente, porque toman como fuente a un historiador reputado que lo afirma (!). Los que siguen defendiendo que hubo un solo Ortún Velázquez. Ya he dicho en otro lugar que esta es la otra historia perdida, la que se cuenta mal por no tener la suficiente preparación, pero sobre todo por la ausencia de espíritu crítico con las fuentes (cuando las usan) y la bibliografía. Flaco favor nos hacen.




 

UN DOCUMENTO CLAVE

Por si fuera poco lo que aclaran las referencias hechas por Rojas al testamento del Dr. Ortún Velázquez, respecto a su descendencia y a los moradores de la Casa de la Torre, que no son otros que ellos mismos, un nuevo documento, hallado en el camino, apuntala toda la estructura, abriendo un vano en el muro por el que entra la luz iluminando el edificio. Una ventana geminada, si quieren, como las de la fachada de la casa que nos ocupa, con sus dos arcos con sus respectivas claves y dovelas.

Nos referimos al pleito entre los hermanos Ortún Velasco, Francisco y Diego Velázquez, hijos del Ldo. Juan Velázquez de Cuéllar, difunto, y de María de Toledo, contra el arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca II, señor de Coca y Alaejos, en el año 1494. En él se desvanecen todas las dudas que se nos pudieran plantear sobre la línea hereditaria que defendemos. Son los demandantes a su vez nietos del Dr. Ortún Velázquez. Viene recogido en el pleito.

En este contencioso, y por seguir un orden cronológico, se hace referencia a una donación hecha en el año 1428, al Dr. Ortún Velázquez de 10.000 maravedíes en las tercias de Coca, que le pertenecían a Juan de Navarra, señor de Cuéllar, que es quien le da esa merced. Todo en reconocimiento a los servicios prestados por el doctor a Fernando de Antequera, padre de Juan de Navarra y a él mismo. Señal inequívoca de que los Velázquez fueron partidarios y fieles servidores de estos nobles, señores de Cuéllar, entrando en ocasiones en conflicto con el rey de Castilla.

Esta merced no debió ser cumplida por los que se hicieron después con el señorío de Coca y es así que Alonso de Fonseca I, arzobispo de Sevilla, en su testamento redactado en 1460 (se recuperó de su enfermedad y moriría trece años después) estableció la siguiente cláusula:


Ítem, por seguridad de nuestra conciencia, mandamos al dicho Fernando de Fonseca, nuestro hermano, informados los testamentarios, que den e paguen al Licenciado Juan Velázquez de Cuéllar lo que se fallase que nos le debemos y somos en cargo de los maravedíes situados que el dicho Licenciado tenía del Rey de Navarra por las tercias de la dicha nuestra villa de Coca.


Se desconoce que Alonso de Fonseca I hiciera otros testamentos posteriores a este de 1460. Su hermano Fernando murió en la segunda Batalla de Olmedo (1467) y el heredero pasó a ser su hijo Alfonso de Fonseca II. Este testamento ha sido publicado y estudiado por historiadores de prestigio, pero no nos consta que se hayan metido a analizar esta cláusula porque para ello hacía falta saber qué Juan Velázquez sea el licenciado. Sin duda, no el de Arévalo, porque nació precisamente ese año de 1460. Pero para lo que nos importa al caso, para nosotros no representa ninguna duda y se refiere al hijo del Dr. Ortún Velázquez, cabeza de la familia. (5)

Fallecido el Ldo. Juan Velázquez, el de Cuéllar, un poco antes de 1490, su hijo Ortún Velasco, en nombre de sus hermanos, demandó al responsable de pagarles los 10.000 maravedíes en las tercias de Coca: Alonso de Fonseca II, que le había quitado a su tío la silla arzobispal de Sevilla. Llevaban veinte años sin percibirlas. El arzobispo se defendió bien y argumentó que el que había sido en su tiempo rey de Navarra y señor de Cuéllar, el infante D. Juan, fue un desleal al rey de Castilla y que con su marcha, expulsado de estos reinos, acabaron todos sus derechos sobre sus señoríos en el reino castellano. Por lo tanto también la merced que en su día había otorgado al Dr. Ortún Velázquez a quien reprocha haber sido un hombre leal al señor de la villa de Cuéllar, y por extensión también desleal al rey de Castilla. Señala el prelado que el propio padre de la parte contraria en el pleito, el Ldo. Juan Velázquez, se enfrentó a su rey y señor natural, Juan II de Castilla, en las batallas de Pampliega, en 1444, y Olmedo, al  año siguiente. Lo que supone una prueba más de que fuera el Ldo. Juan Velázquez el Licenciado Cuéllar que citan las crónicas en dicha batalla de Olmedo y de que los Velázquez fueron fieles a la causa del rey de Navarra, en el mejor de los casos agentes dobles.

A pesar de tan contundentes argumentos, la Chancillería falló en contra del arzobispo Alonso de Fonseca II, dando la razón a los Velázquez de Cuéllar. Tal vez pesaría en los oidores que quien había otorgado esta merced en las tercias de Coca, allá por 1428, no era otro que Juan de Navarra, el mismísimo padre del rey reinante en el año de la sentencia, D. Fernando el Católico. Los ganadores, conscientes de lo difícil que sería en el futuro mantener el cobro de esta merced, traspasaron al poco tiempo al monasterio de La Armedilla  el derecho a seguir percibiéndola.

Cerramos aquí el relato para los dueños de la Casa de la Torre en el siglo XV: el Dr. Ortún Velázquez, tercer poseedor; su hijo el Ldo. Juan Velázquez de Cuéllar, cuarto poseedor; Ortún Velasco o Velázquez, descendiente de los anteriores, quinto poseedor. Y el lector vuelve a la cabeza de este artículo que empezaba justamente con dicho Ortún Velasco, para sus poseedores en el siglo XVI.

Detenemos aquí este método constructivo. Haremos en el futuro ejercicios similares. Tenemos ya las piedras: algunas llevan nuestra marca de cantero. 

J. Ramón Criado Miguel.

(Publicado en la revista LA VILLA. Nº 61 Cuéllar, abril de 2017) 




 

 

 

 

NOTAS.

1.- Nos excusamos de publicar la parte correspondiente a las biografías de Gutierre Velázquez y de su hijo Juan Velázquez de Cuéllar, los de Arévalo, habida cuenta de que aparecen recogidas en nuestro libro, recientemente publicado, “Cuéllar: la historia perdida”. Allí se demuestra que ninguno de los dos fueron dueños de la Casa de la Torre. Solo Gutierre vivió en ella como hijo que fue del Dr. Ortún Velázquez, siendo niño y hasta su salida de Cuéllar.

2.- Real Cédula del rey concediendo licencia de armas a Luís de Salinas para que pase a Perú y Chile, las que sean necesarias para la defensa de su persona. Valladolid, 3-10-1555. AGI LIMA,567,L.7,F.522R. De la misma fecha: Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación para que den licencia a Luis de Salinas, vecino de Cuéllar, para pasar a Perú y Chile (extracto). AGI INDIFERENTE,1965,L.12,F.340V.

3.- ACHVA. Ejecutorias. Caja 1457,58. Año 1581. Alonso Vélez de Guevara, tutor de Dña. Marina, defendió bien los derechos de la niña y no se llegó a ejecutar el embargo.

4.- Dejo con este artículo zanjadas, por el momento, mis diferencias con mis detractores respecto al palacio, mal llamado para alguno, de Pedro I el Cruel. Está claro que a mí no me hablan los pájaros (no he llegado a ese nivel) y que rastreo y cotejo documentos originales. No me contamino por otros historiadores y, menos, no pretendo ser tóxico, sino aclarar y construir. La identificación de dicho palacio con las casas en San Esteban que el infante D. Juan Manuel legó a Elvira Blázquez es inequívoca. Pero otros no quieren ni oírlo porque se desmontaría toda su hipótesis basada exclusivamente en conjeturas y en ningún título de propiedad para Juana de Castro. Mi método reconstruye la historia y no la reinventa. No se equivoquen y piensen que su método arqueológico no nos es válido; nos es insuficiente cuando no va acompañado de una base documental. Y la hay, como se ha demostrado, pero es más cómodo ser historiador de salón y luego enrocarse en tu misma creencia eludiendo el debate.  No existen los hechos, tan solo las interpretaciones, dices. Pero si desconocemos a los protagonistas de esos hechos (o erramos en su identificación) difícilmente podremos interpretar nada. Sobre los Velázquez, moradores en esa casa, te pongo sobre el tapete qué Juanes sean estos, y tú los sigues confundiendo en errores que no son lapsus. Son desconocimiento. Porque no me lees. Yo a ti sí, para tratar de entenderte y para darme cuenta de que si arremetes con vehemencia contra historiadores locales decanos ¿qué puedo esperar yo que para ti soy un recién llegado?  Yo me considero modesto, pero mi pluma ya no, cuando va cargada de razones y se rebela para que la Historia no se eche a perder.

5.- Mire nuestra archivera no haya un  traslado del testamento de Alonso de Fonseca I en nuestro archivo de Cuéllar: Archivo Ducal de Alburquerque. Nº 351, lego 4, n.o.1. Sevilla 5 de noviembre de 1476.

lunes, 22 de enero de 2018

LA ORDEN JERÓNIMA EN LA TIERRA DE CUÉLLAR





LA ORDEN JERÓNIMA


Hubo desde sus orígenes una relación muy especial entre los monjes jerónimos y la corona española. En sus principios se encuentra una idea emparentada con aquella que dio origen a la orden de los cartujos. Alfonso XI de Castilla (1312-1350) reunió a todos los ermitaños distribuidos por su reino en un lugar cercano a la iglesia de San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), en el arzobispado de Toledo. Poco después ingresaron en la comunidad de oración de estos monjes el primer gentilhombre de la corte, Pedro Fernández Peche, con su hermano Alfonso, obispo de Jaén, el portugués Basco y otros amigos de la nobleza. Sus conversaciones con el papa Gregorio XI desembocaron en la autorización de una regla que en esencia corresponde a la regla de San Agustín, con algunos añadidos de las normas de San Jerónimo. Se abandonó así la intención primitiva de vivir entre los monjes a modo de hermanos conversos según la regla de la orden tercera de San Francisco. Pero una de las características de la nueva orden siguió siendo que se mantuviera abierta a los elementos laicos de la nobleza, la posibilidad de compartir la severa vida de ascetismo y estudio de los monjes, ya fuera por un breve periodo o para siempre. Incluso los reyes podían llevar aquí una vida de monjes.


Ya en 1415 había 25 establecimientos de los jerónimos. El principal de ellos fue el  de Nuestra Señora de Guadalupe, en Extremadura, fundado en 1389.

Arquitectónicamente, las reglas exigían varios patios para poder dar cabida a todas las celdas de los monjes y alargar las vías de procesión. El monasterio de Guadalupe poseía, aparte del claustro mayor, otros dos patios interiores más pequeños. Desde un principio, todos los cenobios jerónimos se caracterizaron por un cierto lujo arquitectónico (lo que se contradice con lo que nos contaron para los edificios originales del convento de La Mejorada, en Olmedo). Eran varios los monjes que disponían de grupos de celdas para ellos solos. También eran tradición las grandes bibliotecas. Los monjes vivían bien, pero observaban un severo ayuno.
Cuatro años después de su voto en relación a su victoria en San Quintín, Felipe II, informó en 1561 al capítulo general de la orden en Lupiana de su propósito de construir un monasterio jerónimo para 50 monjes. El lugar elegido estaba al pie de la sierra de Guadarrama. En 1563 se procedió a la colocación de la primera piedra, pero ya se el rey había dado a las instalaciones el nombre de El Escorial.

(Tomado de Wolfgang Braunfels: La arquitectura monacal en occidente. Barral).




LOS  JERÓNIMOS EN LA TIERRA DE CUÉLLAR
Un documento que aporta datos nuevos sobre la vida de Alfonso García de León, contador mayor de Enrique III, es una bula expedida por Benedicto XIII en Aviñón, con fecha 25  de marzo de 1398. Este Papa a súplicas del noble cuellarano y de su mujer, Urraca García, faculta al obispo de Segovia para fundar y edificar un monasterio de la orden de San Jerónimo en la basílica de Santa María del Pino, sita en la jurisdicción de Cuéllar, para trece monjes, provenientes del monasterio de La Mejorada, en la cercana Olmedo.[1]

Cúpula mudéjar del Monasterio de La Mejorada, Olmedo. Orden jerónima.


Esta idea de Alonso García de León chocaría con la intención de su señor, Fernando de Antequera, de fundar su propio monasterio con frailes jerónimos en La Armedilla. Por  no contrariar al Infante, Don Alonso buscó otra orden para el suyo y los frailes que acabaron en El Pino de Mata de Cuéllar fue la de los agustinos.

A principios de 1405, Benedicto XIII manda al obispo de Palencia que ratifique la fundación realizada hacía tres años por Fernando, hijo del rey de Castilla, Juan. Se trata de la conversión de la basílica de Santa María de la Armedilla en monasterio de la Orden de San Jerónimo, que con licencia episcopal realizó dicho Fernando, contribuyendo a la construcción de su torre, campana, cementerio y oficinas para prior y otros frailes y dotándolo además con sus propios bienes.[2]

Los jerónimos aparecen ya en La Armedilla antes de 1405, año en el que el mismo papa Benedicto XIII, a petición de su prior, concede a este monasterio los mismos privilegios otorgados por Gregorio XI a la casa madre de la orden, en San Bartolomé de Lupiana. En particular los relacionados con la exención de diezmos sobre los frutos obtenidos con su trabajo en sus huertos y posesiones, bosques y colmenas.[3]

Un patronazgo similar a los de Alonso García de León, en el Convento del Pino, o al de Fernando de Antequera en La Armedilla, había sido el de la reina Catalina de Lancáster en Santa María de Nieva. Esta reina mandó edificar una iglesia que acogiera a una virgen que se llamó de la Soterraña, que apareció en un descampado de Nieva, obteniendo en 1393 bulas del papa Clemente VII para segregar de la parroquia de dicho lugar su fundación, al cargo de la cual puso a los dominicos.

En los casos de la Tierra de Cuéllar, parece que había tanto en La Armedilla como en La Mata un culto mariano preexistente. Seguro para la primera, su propio topónimo que deriva de  La Hermidilla,[4] o ermita pequeña, así lo confirma, junto a la documentación histórica que se conserva sobre la misma. Para Nuestra Señora de Gracia del Pino, la bula que solicita Alonso García de León cita una basílica preexistente, término arquitectónico sin duda grandilocuente o mal traducido. Estaríamos probablemente también ante una modesta ermita que cobijara la imagen mariana que tendría una devoción considerable en la zona, y en la que puso sus ojos García de León para la fundación de su patronato. Tanto en La Armedilla como en La Mata se daba uno de los requisitos más importantes tenidos en cuenta en las fundaciones jerónimas: los dos lugares estaban retirados, a una distancia importante, de un núcleo de población grande, en este caso la villa de Cuéllar.

Sepulcro renacentista en la capilla de La Mejorada (Olmedo). Familia Zuazo.


Nos ha parecido oportuna la inclusión aquí de estas noticias por la importancia que tuvo en la vida de Gómez González, fundador del Hospital de la Magdalena de Cuéllar, la orden jerónima. Anhelaba el momento de retirarse a uno de sus monasterios. Hay que preguntarse por qué, habiendo monasterio jerónimo en la Tierra de Cuéllar, prefirió el de Guadalupe, en Extremadura.


EL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PINO



(Versión de Melchor Manuel de Rojas, año 1763) En la jurisdicción de Cuéllar, se localiza en unos pinares del término de La Mata, a dos leguas de la Villa. De Agustinos calzados, donde tuvo su primer Priorato el gran limosnero Santo Tomás de Villanueva.[1]
Se dedicó, dotó y fundó en el año 1392, como se da cuenta en la Dedicatoria previa a la vida de D. Gómez González, por Alonso García de Cuéllar y León, Contador Mayor que fue del rey D. Enrique III, su Tesorero y Alcaide del alcázar de Segovia.[2]
Su patronato corresponde hoy a ... /renglón en blanco/.[3]
He visto manuscrito antiguo que asegura la tradición de que hubo allí antiguamente Convento de Carmelitas, pero nada se asegura de esto entre los analistas ni Crónicas. Fue siempre de tres o cuatro individuos.







En el itinerario de Juan II, rey de Castilla, se cita a Santa María del Pinarejo (20 de mayo de 1445, justo después de la Batalla de Olmedo). Puede referirse al Convento de Santa María del Pino y expresado con la otra fórmula por los cronistas del rey. Esto en relación a que se cita que el Real en Santa María del Pinarejo era cerca de Íscar: fue a sentar real con su hueste en un prado cerca de Íscar y esto fue a veynte de mayo. (Chacón pág. 175). Después salió el rey hacia Cuéllar sin llegar a entrar en la villa.[1] Cañas Gálvez propone que puede tratarse de la localidad de Pinarejos, muy cerca de Cuéllar, y después identifica erróneamente Velasco Nuño con Sanchonuño.

Seguía el rey en el real de Santa María del Pinarejo a primeros de junio.



1.        El itinerario de la corte de Juan II de Castilla (1418-1454)   Escrito por Francisco de Paula Cañas Gálvez








[1] Santo Tomás de Villanueva. Prelado español (1486-1555). Enseñó filosofía en las universidades de Alcalá y Salamanca; ingresó después en la orden de San Agustín y se ordenó sacerdote en 1520. Predicador de Carlos V, tuvo que aceptar, aun a pesar suyo, el arzobispado de Valencia, y entonces se dedicó a una amplia campaña reformadora de la disciplina eclesiástica en una región con un sustrato morisco muy importante. Su episcopado se distinguió por la austeridad y la profusión de obras sociales que llevó a cabo. Entre sus obras destaca El Sermón del Amor de Dios.

Rojas sitúa a Villanueva  en el Convento del Pino en sus primeros años de Agustino, donde tuvo su primer priorato, dice. Otra documentación confirma su presencia en el convento de La Mata, de retiro espiritual, cuando recibió el nombramiento de la silla de Valencia, octubre de 1544. (Carta a D. Francisco de los Cobos, 8-IX-1544, AGS, Estado, leg. 293).

El propio Fray Luis de León estuvo en este convento en 1589, allí presentó su texto conocido como La forma de vivir, que regularía la vida en los cenobios de agustinos recoletos.(Saturnino Álvarez Turienzo).

Entre los moradores de este convento estuvo también el agustino Fray Francisco de Castro (+1603), considerado venerable por los cronistas de la Orden, el cual prefería cenobios retirados como era el caso del de La Mata. (Crónica Espiritual Agustiniana: Vidas de santos, beatos y venerables religiosos y religiosas del Orden de su gran padre San Agustín. Por Sebastián de Portillo y Aguilar. Año 1651. Tomo IV. Pág. 214)


[2] Sirvió este monasterio como panteón de algunos de los miembros de la familia Henestrosa, heredera del patronato del convento, como señala Rojas en la vida de Gómez González. Es el caso de Diego López de Henestrosa y Córdoba, cuarto nieto del fundador del convento, y Catalina de Quesada, su mujer, año de 1565. Diego López era el hijo varón mayor de Martín López de Córdoba Hinestrosa.

En documentos medievales (CDC) se cita al monasterio como Santa María del Pino, donde se reunían los representantes concejiles de Cuéllar e Íscar para dilucidar diferencias de términos y los embargos por multas a vecinos de una y otra tierra. (Siglo XV)


[3] No indica Rojas a quien correspondía el patronato del convento en 1763 porque se lo disputaban, en pleito ante la Real Chancillería de Valladolid, dos miembros de la familia Vellosillo: Miguel Remigio Velázquez de Vellosillo, regidor perpetuo de la Villa, con Francisco Vellosillo Henestrosa.






[1] “Piis didelium...” Tasa 40 libra. Registro Vaticano 322, folio 490 r.-v. Bulario de Benedicto XIII. Ovidio Cuella Esteban. Fuentes históricas aragonesas. 46.


[2] “Hiis que...” Tasa: 40 libras. Registro Aviñonés. 320. Fol. 398-399. B


[3] “Sincere devotionis....” Tasa 67 libras. Niza, 10 de marzo de 1405. Registro Aviñonés. 320.


[4] Ermitiella, en el siglo XII. A comienzos del siglo XV, el extremo conflicto que ocasionaba pleitos e prendas e muertes pasa a manos de Don Fernando de Antequera, infante real, quien ejecuta dos iniciativas importantes en esta zona. Invita a los jerónimos de la Mejorada, en Olmedo, a fundar un monasterio en la antigua Ermitiella, ya una iglesia semirupestre, formalizándose en 1402 este extremo, aunque ya llevaban los monjes allí unos años; y apeando el territorio. Poco o nada debió gustar al Concejo Cuellarano que sobre la misma fuente de agua y cañada al Duero se instalara un monasterio iniciándose una fase de desavenencias que se siguen durante siglos.



lunes, 1 de enero de 2018

EL TALLER DE ARNAO DE BOLDUQUE EN CUÉLLAR (CIRCA 1540-1560)

¿Qué taller realizó el encargo del retablo del altar mayor de la parroquial de Sanchonuño? En principio habría que solucionar, a falta de documentación que lo acredite, el problema de la datación de la obra. Este asunto ya lo hemos tratado tomando como referencia lo aportado por Collar de Cáceres que sitúa el retablo de Sanchonuño en un grupo de obras que denomina de dispar significación, impregnada de un importante goticismo con influencia de la pintura toledana o palentina del momento. En este grupo incluye también el retablo del descendimiento de la iglesia de San Esteban en Cuéllar. Estilísticamente indica que corresponden a un pintor arcaizante y de muy limitadas dotes, apreciando una mayor calidad en las pinturas del banco (bustos de los cuatro apóstoles representados en él) que en las dedicadas a la vida de Santo Tomás, lo que refuerza la propuesta de que es una obra de taller. Collar de Cáceres data la obra como posterior a 1530, señalando que la mazonería o soporte del retablo es característica de los años cuarenta del siglo XVI.
Se documenta en Cuéllar, en dicha década, la actividad artística de Arnao de Bolduque, escultor y entallador de origen flamenco. Las noticias sobre este artista van apareciendo con cuentagotas. Fue padre de los más modestos Diego y Juan de Arnao, también vecinos de Cuéllar y entalladores, nunca llamados Bolduque en su mayoría de edad. Falta la certeza de que fueran parientes de Pedro Bolduque (pero en ningún caso Pedro sería hijo de Arnao, como se llegó a pensar por parte de algún autor), Collar de Cáceres señala una común procedencia de Flandes, reforzada por la coincidencia en lo profesional y de precedencia en la villa de Cuéllar. Arnao Bolduque casó en 1550, y era en segundas nupcias, con la vallisoletana Francisca Ortiz, hija de un cantero que trabajaba en la zona de Valladolid y por lo tanto relacionado con el mundo de la construcción: “Sepan cuantos esta carta de dote y (tachado: arras) casamiento vieren cómo yo Catalina de Oviedo, viuda que fui de Ortuño de Marquina, difunto que Dios haya, vecina de la villa de Valladolid, digo que por cuanto con la bendición de Dios es tratado palabra de casamiento entre Francisca Ortiz, mi hija y del dicho marido, y Arnao de Belduque, entallador vecino de Cuéllar, natural del condado de Flandes, del lugar de Belduque, por tanto que el dicho matrimonio haya efecto y para ayuda a sustentar las cargas del matrimonio otorgo y conozco por esta presente carta que me obligo a dar y pagar y que daré y pagaré al dicho Arnao de Belduque o a quien vuestro poder hubiere por bienes dotales de la dicha mi hija cuarenta y cinco mil maravedís en esta manera: los treinta mil en dineros y los quince mil en ajuar, con que no se ha de tasar los vestidos cotidianos de la dicha mi hija, el cual dicho ajuar ha de ser tasado por dos personas, la una nombrada por mí y la otra nombrada por vos el dicho Arnao…” Otorgada en Valladolid el 22 de septiembre de 1550. AHPV. Once años después, Francisca figura casada en segundas nupcias con un maestro de carpintería y albañilería (Francisco López Curiel) según una escritura de poder, que dio a conocer Manuela Villalpando, para ejercer, no la curaduría de los hijos de su primer marido (Juan y Mariana de Arnao de Bolduque) sino para pleitear con ellos y recuperar sus bienes dotales que llevó al matrimonio con Arnao. Lo afirmo con seguridad por haber cotejado en el Archivo Provincial de Segovia recientemente este documento al que Villalpando hace referencia sobre este asunto en su libro. La autora comete errores en la transcripción del apellido de Francisca (entiende de la Cruz donde dice claramente Ortiz)y el nombre propio de su primer marido lo deja en puntos suspensivos por no haber descifrado que dice Arnao, claramente y con hache la primera vez. Aunque bien sé que otros colegas han apostado por que pondría Mateo en dichos puntos suspensivos, pero claro está que no emplearon una mañana en localizar el documento, interesante para lo que nos interesa, y en el que el nombre propio del escribano no es tampoco Jerónimo sino Ambrosio de Mercado, lo que nos dificultó dar con él. La fecha es la correcta: 1561.
Estos documentos nos permiten fijar la actividad de un taller local en Cuéllar dependiente de Arnao Bolduque desde antes de 1540 y hasta 1560, aproximadamente, y fue él quien llamaría a los pintores Maldonado para trabajar a su cargo. El taller sería continuado al menos por su hijo del primer matrimonio con Ana Muñoz, Juan de Arnao (no hemos visto a Diego como hermano de este en el pleito con su madrastra Francisca Ortiz), que tendría en el momento del conflicto con la segunda mujer de su padre menos de 25 años (como menor de esta edad se le requerirá un curador que le represente y defienda sus intereses) y posiblemente más de 20, edad que nos permite suponer que se formó como entallador en el taller paterno. Nuestra contribución objetiva para la historia del arte de la villa de Cuéllar fue documentar la procedencia de los Maldonado (Horcajo de las Torres, en la Tierra de Arévalo) y el adelantamiento de su presencia en Cuéllar al año 1545, a partir del pleito para demostrar su hidalguía que contra el Regimiento de Cuéllar entabló Juan Maldonado. Dejamos en su día un documento en cuarentena porque no terminábamos de encajarlo con el resto de las piezas. Ahora nos hallamos en condiciones de afirmar que, efectivamente, el pintor Juan Maldonado llegó a Cuéllar hacia 1545, procedente de Olmedo, donde habría colaborado en otros retablos. Una partida de bautismo de la parroquia de San Pedro nos da fe de este hecho. El padre del bautizado, a quien se le llamó como a su progenitor, es el pintor Juan Maldonado, estante en Cuéllar viviendo en casa de Arnao de Bolduque. De esto se infiere que el pintor vino a la villa y se instaló en casa del escultor, que le habría llamado para trabajar en su taller. La prolongación del pleito por su hidalguía hasta el año 1555, desde el 47 en que lo comenzó, asegura el asentamiento y continuidad del pintor en Cuéllar. (4)
Curiosamente, en el mismo libro de bautizados, en el año 1541, consta que se cristianó en Cuéllar un hijo de Mateo Bolduque, padre de Pedro Bolduque, escultores los dos, si bien se tiene constancia de que este último nació en Medina de Rioseco en el año 1545, posiblemente se trate de Juan Mateo Bolduque, primogénito de la familia. No hay que descartar entonces la relación entre Arnao y Mateo Bolduque, pudiendo incluso haber sido hermanos. Queremos decir que Mateo pasaría a la villa vallisoletana desde Cuéllar, donde se le documenta trabajando dese los primeros años de la década de los cuarenta del siglo XVI. Allí nacieron el resto de sus hijos, (incluido Pedro de Bolduque), por lo tanto, la relación entre este y Arnao y Mateo Bolduque sería más estrecha de lo que se pueda pensar. Partida de bautismo de Mateo Bolduque menor: (Juan Mateo Bolduque) Sábado tres días del mes de agosto de mil y quinientos y cuarenta y un años, se cristianó un hijo de Mateo de Belduque flamenco y de Juana (Muñoz) su mujer, llamose Mateo. Fueron sus padrinos la que es cocinera del duque y Arnao flamenco y su mujer de Juan de Portillo sastre? Y la de Arnau parientas del infante de … la madre y la de Arnao hermanas. Frutos de Mercado, cura. Se dice en la partida que la madre del niño y la mujer de Arnao Bolduque son hermanas: Juana Muñoz y Ana Muñoz. Con lo que de no confirmarse que Mateo y Arnao fueran hermanos, supone que en todo caso Juan de Arnao y Pedro Bolduque fueron primos carnales y este parentesco y la actividad común que compartían hicieron que Pedro Bolduque recalara con el tiempo en Cuéllar como colaborador en el taller de su pariente reclamado sin duda por Juan de Arnao. Indiciariamente, fue el taller de Arnao Bolduque el que realizó el retablo de Sanchonuño, porque cubriría la demanda de retablos no solo en la comarca, sino también en la propia villa. Arnao no tiene obra atribuida hasta la fecha y habría que considerar no sea una de ellas el retablo de la Virgen, de la iglesia de San Esteban de Cuéllar, mandado pintar precisamente por estos años: Hízole pintar Juan Gómez de Herrera el año de 1546. Sin embargo, la calidad de estas pinturas, estudiadas por Collar de Cáceres y Llorente, pero sin haberles atribuido autor, es superior a las de Sanchonuño. Me inclino a pensar que detrás de esta obra está la mano de un Maldonado, pero la de Julián. La calidad pictórica de Juan Maldonado, el hermano mayor, sería inferior a la de Julián y a él se le encargarían los retablos menos exigentes de las aldeas, aunque la colaboración entre ellos en una misma obra se realizara puntualmente. Juan Maldonado aparece documentado como autor de los desaparecidos retablos mayores de Gomezserracín y Pesquera (despoblado cerca de Chañe). Era cura de Sanchonuño por estos años, Antonio Martínez, natural de Zarzuela pero que se había establecido en Gomezserracín, donde había sido sacristán, para luego acabar siendo durante bastantes años cura del primer pueblo. D. Antonio sería quien encargó el retablo de Santo Tomás para la iglesia de su parroquia, pues siempre estuvo pendiente de lo que se hacía en su pueblo de origen, donde conservó el derecho a poder seguir cazando en el Soto de Santa Olalla. Desgraciadamente el retablo de Gomezserracín se echó a perder durante la pujanza del barroco y hoy no podemos comparar las dos obras carracillanas. Pararemos aquí por no incurrir en los errores que denunciamos en los demás, pero una hipótesis puede valer como propuesta cuando no hay otra anterior y documentada. Queda claro que no es habitual encontrar retablos con la advocación de Santo Tomás Apóstol en la pintura, ni siquiera en el gótico, por lo que el atractivo del retablo de Sanchonuño es aún mayor, especialmente por la representación de escenas de la leyenda del apóstol, difícilmente toleradas posteriormente por el espíritu de la Contrarreforma que vigilaría con más celo qué tipo de iconografía se pondría en los templos.

miércoles, 25 de octubre de 2017

D. JUAN ANTONIO BELICIA: DATOS PARA LA BIOGRAFÍA DE UN CURA DE PUEBLO.


D. JUAN ANTONIO BELICIA

D. Juan Antonio Belicia fue cura de Sanchonuño (Segovia) durante el primer tercio del siglo XIX (1803-1835), fue por lo tanto testigo de una época convulsa significada por la invasión napoleónica y  los vaivenes del reinado de Fernando VII. Era natural de Traspinedo, pueblo vallisoletano que si bien no pertenecía a la Tierra de Cuéllar, linda con ella y su parroquia pertenecía al obispado de Segovia, posible razón por la que acabaría siendo párroco en Sanchonuño. Antes lo había sido en Aldealuenga.  Los escaso datos biográficos están extraídos de los libros parroquiales en los que se percibe que solía delegar en otros clérigos, tenientes de cura, para la administración de los sacramentos. Es el ejemplo de cura rural que durante la Guerra de la Independencia se opone de una manera abierta a los franceses y que al regreso del rey se manifiesta partidario del Antiguo Régimen del “Altar y el Trono” y por tanto recibirá al Gobierno Constitucional con recelo y parece que muy pronto con abierta oposición. Esta afirmación puede extraerse de la introducción del Sermón de acción de gracias que él mismo predicó en Cúellar para celebrar el regreso del Rey como monarca absoluto en 1823 y lo sintetiza así en la edición impresa del sermón:

 


El amor que he tenido siempre a las reales personas de Vuestras Majestades y Altezas, este verdadero amor que arrojó sobre mí todo el furor napoleonista, que casi me puso en las escaleras del suplicio, que me saqueó, persiguió de muerte, y que en la revolución constitucional me ha hecho sufrir amenazas de multas y prisiones   y que a pesar de una edad avanzada y enfermiza no le permitió desentenderse del encargo con que le favoreció el fiel y cristiano Ayuntamiento de Cuéllar, no le deja libertad ni elección sino para dedicar este sermón a VV.MM. y AA..

Dígnense VV.MM. y AA. de admitir benignamente esta señal de amor y fidelidad que respetuosamente ofrecen

A la Real Persona de Vuestras Majestades y Altezas

El Ayuntamiento de Cuéllar

y Párroco de Sanchonuño.

 



 

(Sermón de acción de gracias pronunciado en Cuéllar por don Juan Antonio Belicia, párroco de Sanchonuño, impreso en Valladolid, 1824).


Que hallándose con la avanzada edad de cerca de ochenta años y con la salud muy quebradiza y casi imposibilitado de la vista, le es absolutamente imposible dirigir y gobernar sus rentas y propiedades.
La firma de don Juan Antonio de muestras de que su estado de salud es precario.
Renuncia de una Capellanía en la villa de Traspinedo hecha por Juan Antonio Belicia parece que a favor de su sobrino León Belicia. Este documento ya ni está firmado por Antonio Belicia y sí aparece la firma de Serafín Herranz, el sacristán cuyo nombramiento había vetado en su día. Otros testigos Antonio Vicente, Julián Martín y el dicho Serafín.
Dijo que en 13 de enero de 1829, otorgó su testamento en cédula por certificación de Antonio Miguel, fiel de los hechos de Sanchonuño, y ante cinco testigos vecinos del mismo, y en diez de diciembre de 1832 lo otorgó también en mi testimonio (escribano Antonio Sáez) dejando en su fuerza y vigor todo lo estipulado en dicho testamento en cédula, con las solas advertencias de las que resultan del otorgado ante mí.
Aquí añade que se le pague a su ama Isabel Rodrigo los salarios que se le deben a razón, desde que fue cura en Aldealengua hasta el día en que deje de serlo a razón de 40 reales por mes, hasta que deje de serlo, por sus servicios y por el interés con que ha mirado lo mío
Igualmente que a su hermano Manuel Belicia se le paguen las soldadas de todo el tiempo que le ha estado sirviendo, a razón de 500 reales cada año.
Que se paguen a Juliana y Gregoria Senovilla, sus criadas naturales de la villa de Cuéllar, sus salarios a razón de 25 reales por mes.
Heredera después de Manuel, su hermano, e Isabel, su ama, sea su heredera Juana Belicia, hija de León Velicia , su sobrino.

Con todo, los eclesiásticos segovianos durante el Trienio Liberal (1820-1823) no exteriorizarán una actitud de franca y activa oposición al constitucionalismo hasta mayo de 1823, cuando el sistema político se derrumba. Será entonces cuando desde el obispo hasta los humildes curas de aldea, y este es el caso de D. Antonio Belicia denuncien sin ambigüedades al sistema constitucional como impío y funesto, y califiquen a sus adeptos como «infame secta revolucionaria».

El clero, a pesar de la adhesión incondicional que por motivos ideológicos una minoría de eclesiásticos ilustrados presta a las nuevas instituciones, acabará oponiéndose en su mayor parte al constitucionalismo ante el ataque sistemático de los liberales contra las bases económicas de la Iglesia.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS SEPULCROS DE MARTÍN LÓPEZ DE CÓRDOBA HINESTROSA E ISABEL DE ZUAZO.


LOS SEPULCROS DE MARTÍN LÓPEZ E ISABEL DE ZUAZO.

(Es continuación de un artículo anterior sobre los Hinestrosa en Cuéllar)


En el año 1508, Martín López de Córdoba Hinestrosa pensó en los dos arcosolios del lado de la epístola de la iglesia de San Esteban de Cuéllar para situar en ellos los sarcófagos que albergarían los cuerpos de él y de su mujer, Isabel de Zuazo. Estos arcosolios datarían de la época en que se hicieron las sepulturas confrontadas de Alonso García de León y de su mujer Urraca García de Tapia (año de 1404) y estaban ocupados. Artísticamente son gemelos en composición y estilo. Desalojar a estos parientes enterrados en su origen en este lado del presbiterio presupone que ya no contarían con descendientes directos en la época de Martín López que embarazaran las intenciones del regidor. La estructura arquitectónica de lucillo funerario en cuyo fondo encajaría perfectamente, por sus dimensiones, la tabla que el arcediano Gómez González dedicó a su padre y hermano (los dos Juanes Velázquez) se corresponde con estos arcosolios del lado de la epístola y sería el lugar original de dicha tabla. Como clérigo, el arcediano no dejó descendencia directa. Solo el Patronato del Hospital de la Magdalena podría oponerse a las intenciones de Martín López como garante de la memoria del señor fundador, que había sufragado las tablas. Pero D. Martín, como regidor perpetuo del Regimiento cuellarano, tenía mucho poder en dicho patronato para que este se opusiera a sus intenciones.


Conseguido su propósito, Martín López modificó el hueco de estos arcosolios, cuyo arco generador no es el arco apuntado de principios del siglo XV, sino un arco rebajado que queda por debajo del anterior. Resultando así un pabellón entre los dos arcos (el apuntado original y el nuevo, resultante de la modificación) tapizado con yeserías más pobres en técnica y en repertorio que las yeserías genuinas de principios del siglo XV, con las que intentan sintonizar.

Sepultura de Dña. Isabel de Zuazo y Cotes en el presbiterio de la iglesia de San Esteban en Cuéllar, Segovia. (Fotografía de José Ignacio Sánchez)

Esta modificación nos dificulta imaginarnos en este espacio las tablas que patrocinó Gómez González, que serían cambiadas de ubicación junto con los restos de los allí enterrados. Quedó así habilitado este espacio para recibir las dos grandes arcas con cubierta a doble vertiente donde, alrededor de la heráldica de los dos difuntos, campea la decoración a candelieri propia del Renacimiento temprano.

Lucillo para sepulcro procedente de la iglesia de San Esteban en Cuéllar, Segovia. Hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid donde llegó en el año 1936, (JRC)


El legado de Martín López de Córdoba Hinestrosa, el mayorazgo por él fundado y el patronato de Alfonso García de León, se fue trasmitiendo de generación en generación, prefiriendo el varón a la hembra, pero sin descartar a estas. Esto dio lugar a que, en algún momento, dos herederos del legado pleitearan entre ellos para ver quién tenía más derechos a disfrutarlo. En el año 1775, D. Manuel Francisco Velázquez de Vellosillo, regidor perpetuo en el Regimiento, estaba agobiado por el apremio por vía ejecutoria que se le hacía para que reintegrara los 5.500 reales que había tomado de los caudales el Hospital de la Magdalena. El brazo de Baltasar Alonso, defensor de la institución, se hacía sentir y los ejecutores eran implacables. El Sr. Vellosillo se veía incapaz de afrontar el pago por varias urgencias que había tenido, lo que era sabido por todos. Propuso ir saldando la deuda con pagos anuales de cincuenta fanegas de granos. Detrás de esta insolvencia estaba el que su pariente, y también regidor perpetuo, Miguel Remigio Velázquez, le había disputado, y al final ganado, la posesión del mayorazgo fundado por Martín López, pues alegó más razones que él ante la Chancillería de Valladolid. Es en este pleito en el que se presentó el testamento de Martín López de Córdoba Hinestrosa, y en el expediente del mismo donde se ha conservado tan interesante documento. No es tan vistoso en su continente como las bulas de Isabel de Zuazo, pero el contenido, por su riqueza y diversidad de los asuntos que toca, supera con mucho, desde nuestro punto de vista, el propio interés de las bulas de Dña. Isabel en lo que se refiere para la historia de Cuéllar. (6)